EL MÚSCULO-CEREBRO: Imagínate entrar en tu propia mente, sondear una inmensa cantidad de complejos pasillos, la mitad iluminados a intensos fogonazos, la otra mitad oscuros como el miedo y llegar a una estancia amplia llena de “aparatejos” de gimnasio, donde tu cuerpo-cerebro, que se va a comportar como un músculo, se va poco a poco tonificando, adquiriendo masa muscular y fortaleciéndose…

Me hace mucha gracia esa idea alegórica: uno entra en su mente y puede ir al gimnasio mental…eso de que el cerebro es como un músculo, es una metáfora que he oído muchas veces y que me resulta bastante ilustrativa…

He estado investigando y a priori lo único que parecen tener en común el cerebro y los músculos es, sencillamente, que a ambos se les denominan órganos…sin embargo, y manteniendo las distancias, la metáfora me sigue resultando muy útil…

Esto viene a que a veces me pregunto… ¿Por qué se habla de ejercicio físico y no mental? ¿por qué existe el hábito de ejercitar el cuerpo y no la mente?

Claro, aquí habría que entrar en ciertas consideraciones tales como definir que es el ejercicio mental, qué tipos de ejercicios existen…y sobre todo habría que tener en cuenta la disquisición filosófica de diferenciar o no entre mente y cerebro…Pero eso queda ahí pendiente de investigar y reflexionar, lo voy a dejar pasar por el momento para centrarme en algo que a veces ocurre y que quiero ilustrar con otra metáfora:

El ESTÓMAGO-CEREBRO: Normalmente cuando alguien come mucho se suele empachar, y tiene una desagradable pesadez en el estómago, cuyas consecuencias uno habrá sentido alguna vez en su vida…ahora bien, ¿qué ocurre cuando es el cerebro el que está empachado… de pensamientos?

Y con estar empachado, me refiero a esa sensación de:
Cuando tu cabeza va rápido, pero no rápido de cuando tienes el día gracioso, sino tan acelerada que no te puedes concentrar en nada que no sean esos pensamientos acelerados…
Esa sensación de cuando tu cabeza va acelerada pero además está repleta de pensamientos que vienen a modo de “flashes” continuados…
Esa sensación de cuando te quedas enganchado en conversaciones mentales, de las que no puedes o no quieres salir…
Es esa sensación de cuando vuelves a pensar en lo mismo de siempre…y
los pensamientos que tienes suelen ser los peores de todos, los de mayor confrontación, pena…o en el otro extremo: los de mayor euforia, nerviosismo, excitación incontrolable…
o vete tu a saber que más cosas tiene cada uno…

Hay un montón de factores que aparentemente justifican que nuestra mente esté acelerada: la vida cotidiana con sus millones de pequeñas exigencias, el trabajo, situaciones emocionales…y eso sin entrar en las coyunturas psicológicas y filosóficas de cada cual…

La mente acelerada provoca una reacción en el estado de ánimo y/o físico. Y, tanto la sensación en sí, que es lo más parecido a estar empachados mentalmente hablando, como sus consecuencias, las tenemos totalmente normalizadas, convivimos con ella, damos por hecho que forman parte de nuestra vida cotidiana…y no, no tiene porqué ser así…

Cabe pensar que una mente empachada, un cerebro “sobre-estimulado”, necesita “evacuar”, “bajar de revoluciones” o llegará al colapso, no hay más…y si a la larga está continuamente empachado, incluso colapsado, tenderá a deteriorarse…mentalmente hablando, desde luego… y sería interesante investigar sus correlatos biológicos, sean los que sean…pero cabe pensar que, en términos generales, esto no debe favorecer en nada la salud.

Nótese que tal vez erróneamente intercambio mente/cerebro, pero una vez más lo importante es centrarme en la metáfora para establecer un paralelismo comprensible, para tratar de entender cómo funciona…

Nótese también, que deliberadamente evito el término estrés, en parte por la amplitud y los matices del concepto, en parte porque éste justifica demasiado y nos hace normalizar aún más la situación…

¿Qué le ocurre a una mente continuamente empachada?…Pues aparte de lo que ya se sabe: alteraciones de memoria, falta de concentración, ansiedad, tics nerviosos…además, en términos vulgares, se puede decir que un cerebro “sobre-estimulado” “ no piensa bien”…estoy preparando, muy lentamente como siempre, un ensayo en forma de artículos reflexionando acerca “del funcionamiento del pensamiento”, por decirlo de algún modo, y ahondaré en el significado de esta expresión…

Por el momento baste decir que, muchas veces, a nivel cotidiano sobre todo, consideramos los pensamientos como una fuente epistemológica, los seguimos a pies juntillas y los sometemos y exigimos respuestas efectivas…es indudable “la utilidad del pensamiento”, pero también es importante comprender cómo funciona, entender el mecanismo, el engranaje del pensar…

Con esta reflexión, mi única intención ahora es centrar la atención en la importancia de hacernos conscientes de la aceleración mental que a veces llevamos de manera cotidiana, y…como no, voy a hacerlo una vez más con una metáfora:

El CORAZÓN-CEREBRO: Imagínate salir a correr durante una hora. Nuestro corazón se acelera y necesita “reposo” para volver a su estado normal. En este caso nuestro cerebro sería algo así como un señor gordito que al segundo de estar corriendo se queda atosigado y pasado de vueltas, con su corazón bombeando de forma compulsiva y con las pulsaciones a mil…

Ahora bien, ¿cómo restaurar nuestro cerebro/mente, como aligerarlo de su empacho mental, como auto-regularnos mental y emocionalmente?
Hay una práctica que ayuda a mejorar nuestro estado mental y físico, una práctica que está rodeada de una pompa brutal…y es la meditación.

La meditación es un claro ejemplo de la ideologización del lenguaje, es una práctica que lleva asociada una carga y un trasfondo místico, religioso, filosófico, social…determinado en el que no voy a entrar, porque simplemente pretendo rescatar la sencillez de la práctica en sí, sin entrar en nada más…

La meditación, como práctica mental, pretende desarrollar la concentración, la “atención concentrada”, y se apoya en dos “propuestas”:

La primera es acallar el diálogo interno. A veces, erróneamente se piensa que meditar significa no tener pensamientos…y de lo que realmente se trata es de que estos vengan pero se vayan con la misma facilidad, sin entrar en conversaciones con ellos, sin quedarnos enganchados a ellos…

La segunda es sustituir cierto tipo de pensamientos por otros más neutros, con la intención de salir de determinados estados y restaurarnos. Cabe destacar que la euforia, a la que personalmente he sido adicta, es también un estado mental del que cuidarse…

Evidentemente todo esto tiene matices, no se trata de ser irreflexivo, de “no pensar”, de no hacerle caso a los pensamientos…pero para todo hay un espacio adecuado y ahora lo importante es entender un mecanismo que sirve para calmar la mente… hay muchas técnicas, enfoques…e intentaré recoger ciertas consideraciones, como he dicho, en próximos artículos…para no alargar demasiado éste…que es tan solo una breve introducción…

Por último, solo me queda advertir, sobre todo advertirme a mi misma, que meditar es una tarea aburrida y complicada al principio, pero tener acelerada la mente es un auténtico circo y, aunque restaurarse cueste horrores, merece la pena aprender a hacerlo, porque es el principio de todo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s