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Este librito, obra de arte donde las haya, compensa la densidad de cada página escrita, con su minúscula extensión, así que no hay razón para no leerlo e imbuirse de lleno en la inabarcable y profunda existencia… Yo lo he ido leyendo a trocitos, tomándome ratos largos para reflexionarlo y repetirlo en mi cabeza.

Este arte epistolar, que me apasiona…parece que tiene un no se que de tinte “voyeur”, así se puede acercar a él movido por el morbo inicial de leer cartas ajenas, aunque enseguida se olvida uno de esa sensación, hay algo muy profundo detrás de esa ligereza…

Uno se pasa la vida viviendo momentos, angustias, alegrías, laxitudes… que trata de explicar más o menos torpemente y con sus propias palabras, todo para intentar dotarlo de matices personales, ayudado o no por referencia externas que le aporten a uno retazos de entendimiento…y de pronto, como por arte de “birlibirloque” (me encanta esa expresión) me descubren este libro tan magistralmente bien expresado en el que no hay nada que añadir, no hay nada que hacer más allá de reverenciarse ante su sabiduría y parafrasearlo para intentar transmitir su belleza…

Las cosas tan magistralmente bien explicadas son como un mazazo de sabiduría, te atraviesan el alma, son como relámpagos de conocimiento, “momentáneos momentos” de una claridad mental casi cristalina, de entendimiento absoluto, que te fusionan con el objeto del entendimiento y también con el sujeto que te ha proporcionado esa posibilidad, y esa sensación es tan agradable que a uno le invade el espíritu hasta lo más hondo de su ser…

Estas cartas parecen escritas a medida, a la medida de la persona que soy o en la que me estoy convirtiendo y del momento que estoy viviendo, estas cartas tan personales y a la vez tan universales…hay partes que no comparto, o sería más justo decir que hay partes que no comprendo del todo…

Pero aún así, estoy profundamente impresionada… Rilke, corazón puro, nobleza cristalina, pureza brutal, conmovedora…y una profunda sabiduría en cada palabra…

Imagino que uno no puede distanciarse totalmente de sus propias interpretaciones y experiencias previas, imagino que uno lo amolda a sus propias necesidades…porque por algo a uno le ha llamado la atención, ¿no?, y es porque parece que da respuesta a una necesidad muy íntima y personal… aunque con este libro realmente merecería la pena intentarlo…es a la vez un libro iniciático y maravillosamente misterioso, un “oráculo” (nada más lejos del esoterismo y nada más cerca de la vida misma, de la cotidianeidad más pelada….) que te ayuda a sobrellevar determinadas ansiedades vitales…

Rilke plantea un tipo de sensibilidad, que él achaca al artista y que, sin embargo, puede ser extensible a cualquier animal humano…Una sensibilidad necesaria que pasa por el ejercicio de la paciencia y sencillez. Paciencia por el aprender a “vivir en las preguntas” como bien dice…aprender a manejarse en la incertidumbre sobre el futuro… o más bien abandonar ese ansia de respuestas continuas…tal vez seamos como puzles y sintamos que hay momentos en los que no es posible cuadrar dicho puzle porque faltan piezas…y mientras las encontramos, debemos aprender a vivir así, sin estas… Rilke hace especial hincapié en la juventud, pues el comprender lo da el tiempo y por tanto, hay que tener una especial paciencia en ésta, en la que no solemos tener las suficientes piezas vitales para, si quiera, vislumbrar el puzle…

Un sensibilidad que pasa por el acto de mirar hacia dentro de nosotros mismos en vez de hacia fuera, aunque ese acto conlleve el descubrimiento de (cito casi textualmente) “la responsabilidad de ser lo que uno es, con las grandezas y los sufrimientos que eso acarrea” , que pasa por el difícil aprendizaje de “ser un mundo para sí mismo”…lo que sin duda ayuda a soportar la soledad, pues es sin duda esencial aprender a vivir la soledad, que no necesariamente en soledad…aprender a tolerar la lejanía con el entorno social que no te comprende, que no comprende tus comportamientos, pero una lejanía personal desde el amor, desde el comprender, no desde el rencor o el conflicto…

Una sensibilidad que pasa por tolerar y comprender la tristeza y no despreciar trozos de vida, y “vivir también la enfermedad y esta tristeza…de igual modo, experimentar la vida como si todo fuese necesario en nuestra existencia,” al fin y al cabo “la enfermedad es la forma que tiene el cuerpo de eliminar lo extraño. Somos enfermos, médicos, convalecientes…de nosotros mismos…” y “lo que se nos plantea como espantoso que es lo que rechazamos, solo quiere auxilio de nosotros y luego se transforma en algo bello dentro de nosotros mismos”.

Rilke propone con sumo mimo y cuidado planteamientos fascinantemente sencillos, de una grandeza admirable a la par que impepinables, como que “el sentimiento impuro es aquel que solo afecta a una parte de su naturaleza porque le desgarra, mientras que un sentimiento puro lo eleva”, como que es necesario darse cuenta de algo para salir de ese algo, o que el amor (él habla del amor en pareja, pero me parece extensible y generalizable al amor en mayúsculas), el amor es también un aprendizaje, y “es necesario un entendimiento hacia el amor para no cerrarse a su amplitud” y, nuevamente, en la juventud suele existir mayor riesgo de esto, de cerrazón…

Habla también de “orientarse hacia lo difícil”, idea absolutamente transgresora en el mundo de hoy en día, cimentado en la obsesión por el confort…habla de no tener miedo al enigma y a lo que no podemos explicar, y yo apuntillo, controlar, ya que “el miedo limita las relaciones y las vuelve monótonas”, en cambio, sin miedos ni tormentos internos, “nos mimetizamos con el entorno, con lo que nos rodea y sentimos que si hay abismos, son nuestros abismos” (los conflictos internos derivados de nuestras actitudes y planteamientos personales)…

Sin este miedo acaso resulta más sencillo reconocer y encajar el mundo de infinitas posibilidades que es nuestro “destino” de existencia, nuestra “suerte” de existencia, y que proviene únicamente de nosotros mismos…

En cuanto al arte… Rilke explica la trascendencia del arte al artista, dice que éste, el arte, debe nacer de una necesidad, debe hallarse en “lo que brota del manantial mismo de la vida de cada uno” y que “es sólo un modo de vivir y uno, viviendo de cualquier manera, se puede preparar para él, en todo lo real”, no se está más cerca del arte por tener un oficio semi-artístico, que puede llegar incluso a negar y a atacar el arte, sino que determinados trabajos pueden educarle a uno en la atención despierta, en la dedicación despierta…pues al fin y al cabo, es exponerse ante determinadas situaciones las que actúan sobre nosotros y nos modelan…

Por último, en su paso por Roma, habla del pasado, de no sobrevalorar recuerdos corrompidos y deformados como son ciertas antigüedades, pues, al fin y al cabo, son “restos casuales de otro tiempo y otra vida, de algo que no es nada nuestro ni lo ha de ser”. “En nosotros se mueve la sangre de los antepasados y con lo nuestro propio, la soledad está concentrada en lo único e irrepetible que somos en cada giro de nuestra vida”…

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