muros mentales
MUROS MENTALES

Tanto Parménides como Platón consideraban la “doxa”, “opinión”, como una forma engañosa de conocimiento…no suelo hacer citas de autoridad ya que parece que estas tienden a convertirse en verdades absolutas de la mano del que las cita (por cierto, tengo pendiente la segunda parte del artículo sobre la “verdad”) pero en este caso concreto me permito la licencia dada la inercia en la que estamos metidos…

Y esta inercia es la del continuo opinar… vivimos en el exceso de opiniones, unas veces disfrazados de reflexiones elaboradísimas y constatadísimas, y otras directamente livinas y ligeras…Tal vez conviene entender las consecuencias que tiene este ejercicio mental tan aparentemente inofensivo como es el opinar…en circunstancias serias y graves como una crisis humana de tal magnitud como la que estamos viviendo con el tema de los refugiados de Siria, esto se ve…la opinión pública es una mar de tendencias de opinión, que muchas veces no sirven para nada y que encima nos enfrentan…

¿De dónde viene esa tendencia al opinar?…es una necesidad humana sin duda…por una lado está la necesidad de control, de controlar una situación… si generamos una explicación ante algo que nos supera, ya no solo una crisis humana, vale incluso cualquier suceso de cualquier magnitud que sacuda nuestra vida cotidiana mínimamente, parece que podemos mantenernos alejados de la situación haciendo uso de esa manía deformada de intelectualizarlo todo, podemos poner barreras diferenciadoras para que eso no nos toque…podemos hasta incluso responsabilizar a quien sea o a lo que sea sobre lo que sea para sacarnos de encima la angustia y la responsabilidad…en fin, hay muchos caminos…

Pero no solo se opina para buscar una explicación que nos satisfaga y olvidarnos del asunto, la opinión se ha incrustado en lo más profundo de nuestra manera de comunicación…las opiniones sirven para rellenar huecos de silencio entre las personas, además de que parece que si uno no opina sobre un tema es que no es suficientemente listo para hacerlo o no se ha “informado” , por no decir que la opinión es una buena ocasión de desplegar nuestras artes discursivas y de aplastar al contrario… y ya de paso podemos abanderarnos con eso de tener una mente crítica…no conozco a nadie que no se considere a sí mismo como portador de una mente crítica…

Imagino que el tener en un pasado cercano una dictadura donde se privaba de la libertad de expresión ha tenido que hacer su mella… y esto es pura opinión (porque sí, estoy opinando sobre no opinar y eso es una contradicción que me estoy permitiendo para intentar salir de ella)…

Con todo esto, donde quiero llegar es al hecho de que evidentemente la tendencia a la opinión puede tener una justificación…ahora bien, el saber de donde nos vienen las cosas, no es razón suficiente como para quedarnos ahí…en las justificaciones…

Hay que aclarar que buscar explicaciones no es lo mismo que opinar, reflexionar no es lo mismo que opinar…aunque a veces una línea muy fina las separa, uno puede considerar que, como lo que sale de su boca está pasado por su mente previamente, como lo que sale de su boca esta “informado”, es decir lo ha sacado de algún tipo de autoridad en el tema, entonces está reflexionando o reflexionado…En ese caso sería necesario poner sobre la mesa cuales son las condiciones necesarias del reflexionar (como por ejemplo la intención…) pero no es el momento…así que baste decir que los productos de nuestra mente son como la tarta que uno se come en una pastelería, uno puede saber más o menos de que está hecha pero la mayoría de las veces desconoce la calidad y procedencia de todos los ingredientes de la misma…

Y, ¿cómo sería un mundo sin opinión? No tengo ni la menor idea…lo que si que tengo claro es que, para la comunicación, sería un shock inicial no opinar, porque quedarían los huecos antes destinados para ello, huecos que se podrían rellenar con silencio, o con otro tipo de “productos” mentales más enriquecedores…también sería un shock que se quedasen al desnudo los miedos, angustias y ansiedades de las situaciones…angustia de que nos ocurra lo mismo o del no saber por qué suceden las cosas…pues tal vez se podría indagar en esos miedos, indagar en la ansiedad, en vez de quedarnos con los productos mentales que sacamos de ello a modo de intelectualizaciones… tal vez las reflexiones podrían ir sobre lo que nos sale y no sobre la situación en sí…

Opinamos en base a circunstancias y conclusiones personales propias y concretas, lo cual es una barrera… al no poder despegarnos de nuestra realidad no vemos más allá, bloqueando por ejemplo la capacidad de ponernos REALMENTE en la piel del otro, pero desde el otro y no desde nosotros mismos…así que, si uno considera que es necesario aportar algo ante una situación de crisis, o ante la vida en general, un camino es empezar a entender como funcionamos, como caemos en la opinión, un camino es aprender a ser prudentes sin reprimirnos…

La consecuencia más nefasta de la opnión es, din duda, que existe una gran posibilidad de creernos nuestras propias opiniones y de transmitirlas…y con esto, de ayudar a generar un discurso común deformado, cruel y temerario, un discurso que nos condiciona y nos dispone negativamente.

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