el mundo, una casa II

Si hay algo que he aprendido en la vida en estos años es que no hay recetas mágicas para “afrontar” la vida de uno…la buena noticia es que, si no existe un único camino, entonces es que pueden existir infinitos caminos…la mala noticia es que hay caminos mucho más inhóspitos que otros…y no me refiero tanto a los parajes en si (en tanto que dificultades propias de los “lugares” físicos y mentales por los que uno transita), sino a la actitud con la que se camina por ellos, pues si no se es consciente de esta o es una actitud poco adecuada, los caminos se pueden convertir en auténticos calvarios como de hecho a veces ocurre…

Pero antes de seguir me encantaría celebrar ese hecho…el hecho de que no existan recetas mágicas de vida…si existiesen…uno tardaría más o menos tiempo pero las descubriría y luego ya no tendría nada más que hacer en el mundo, además si existiesen, serían esas y no otras, luego se agotarían las opciones, y la uniformidad, el gris y el aburrimiento se apoderarían de la vida…

Y quede claro que lo que sirve para unos no tiene que servir para otros y lo que sirve en un momento dado no tiene que servir para más adelante, pero antes de que nos sumamos en el nihilismo, el pesimismo y el relativismo más extremo…aclaro que, aún sin haber caminos únicos o perfectos, ni recetas universales, existen muchos recursos vitales que, bien empleados, es decir, bien entendidos, (entendidos en toda su profundidad y su complejidad), nos ayudan a pasar del estado del sobrevivir al estado del vivir plenamente, y obviamente, no me refiero, para nada, a tener mucho dinero y a comprarse un mundo a medida…

El fin de este escrito no es enumerar esos recursos vitales, porque esto sería interminable y porque no se puede hablar a la ligera de ello, pero para entender de qué estoy hablando, más tarde lo ilustraré con un ejemplo acorde al fin real de este escrito…

Lo que si me parece necesario antes de proseguir es indicar una cuestión lingüística…he entrecomillado deliberadamente “afrontar” la vida, y es que a veces uno tiene una especie de actitud de afrenta hacia esta, que se refleja en expresiones como “enfrentar o enfrentarse a la vida”…como si la vida fuese nuestra enemiga…el expresarse de esa manera puede conllevar (y suele conllevar) una actitud existencial… yo, como no sé muy bien que es la vida, o mejor dicho, no sé muy bien como se puede explicar…he decidido variar mi actitud inicial hacia el intentar comprender, intentar entender la vida más que enfrentarme a ella.

Reformulando la idea…y, de forma general, diría que no hay recetas mágicas para manejarse en la vida, o dicho de forma más coloquial, para vivir la vida, para estar en la vida…no hay recetas mágicas en cuanto a formas de estar en la vida…de imbuirse en la existencia y transformarse con esta, desde esta y para esta, en definitiva.

Reformulando la idea de forma concreta y adaptada al fin de este escrito, no hay recetas mágicas para “ser en la vida” en tanto que “ganarse la vida” (obviamente expresarlo de una manera u otra tiene sus matices).

Y he aquí el punto clave de asunto, el quebradero constante de cabeza en los tiempos que corren…¿cómo ganarse la vida?… Pues bien…normalmente cuando uno se plantea esto tiene una cierta tendencia a hacerlo en términos de modelos pasados, modelos existentes paralelos, modelos con sus consiguientes valores asociados…léase aspirar al modelo de nuestros padres o abuelos (según la edad de cada uno) de un trabajo para toda la vida con determinadas condiciones materiales, cuyos valores primordiales sean, por ejemplo, la comodidad, el estatus y la estabilidad…

Y cuidado que no estoy diciendo que esté mal, ni mal ni bien, nada es despreciable…lo que ocurre es que ese modelo se dio así o tendió a ello debido a un concepto que podría llamarse “coyunturas generacionales”, otro de los puntos clave de este escrito…estas “coyunturas generacionales” son el “contexto histórico” en el que nacen, surgen o se dan ciertas situaciones…bueno, son algo más que eso…una coyuntura, según la Rae es una “combinación de factores y circunstancias que se presentan en un momento determinado”…digamos que “coyunturales generacionales” podría referirse al contexto, a las coordenadas espacio-temporales que nos/los hacen únicos.

Es necesario entender las condiciones de cada coyuntura generacional, pero igual de importante es entender y trascender lo que haya que trascender, y sobre todo comprender la obsesión que tenemos muchas veces por extrapolar lo que ha funcionado algún día…

Como ejemplo de coyuntura generacional, el objeto de “mi análisis personal” es mi generación, que es la única que conozco, entendiendo esta como la que forma parte de la llamada generación x, en el contexto espacial “España y sus circunstancias”, y dentro de una clase media prominente… cuyos rasgo a destacar es el acceso masivo a la universidad, la universidad como oasis de existencia, la universidad como hito y meta que nos ligó a la creencia de que el mundo estaba a nuestros pies y podíamos tenerlo todo…y la sensación de frustración constante que hemos arrastrado tras salir de esta, una generación entera de gente sobre-preparada viviendo en la precariedad…

¿Y por que elijo esta generación aparte de por ser la mía y la única que conozco? Porque en estas circunstancias dadas, no sé en otras, pero en esta, la dinámica dominante ha sido hacer las cosas según “lo que me gustaría”, “lo que desearía”…según el deseo al fin y al cabo, que es caprichoso, y según el cálculo de lo que uno puede llegar conseguir, de lo que uno puede llegar a ganar, en definitiva…

Y en este caso concreto, en el que uno ha tenido esa trayectoria concreta, en el que uno ha manejado esa dinámica dominante, propongo un cambio de planteamiento esencial: en vez de preguntarnos ¿qué quiero hacer yo en la vida? preguntarnos ¿qué le puedo aportar yo a la vida?. Aparentemente es un giro del lenguaje nimio pero de enormes consecuencias, ¿qué puedo aportar yo a este mundo desde lo que me apasiona, desde mis capacidades, talentos y habilidades?

Y, ¿Por qué así? Porque el mundo es como una casa, y cuando uno no solo vive en una casa sino que además intenta hacerla habitable, esa casa comienza a parecerse a un hogar…

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