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La inspiración, como todo o casi todo en la vida, no es necesariamente inamovible, no funciona como un bloque ni es estática en el tiempo. A uno le puede inspirar algo en un momento y dejar de hacerlo al momento siguiente, uno puede sentir una fuerte inspiración gracias a un detalle dentro de una obra que, sin embargo, le horroriza… es decir, a uno no necesariamente le tiene que inspirar un todo, (el todo de una peli, de una persona, de un lugar…) sino trozos significativos para uno… detalles al fin y al cabo…

Y como la vida está llena de detalles, la inspiración está, por tanto, en cualquier lugar, agazapada, desmenuzada… y quien sabe si además, tal vez esos trocitos sean los que estén conformando, a su vez, una totalidad inspiradora…

Wes Anderson es para mi una inspiración, hasta ahora su cine me resulta fascinante… no como un todo, ya que hay películas que lo son más que otras, incluso dentro de las propias películas hay partes que me resultan más inspiradoras que otras, incluso, por qué no decirlo, hay cosas dentro de ellas que puede que no me inspiren nada de nada, sino lo contrario…

Puestos a elegir, hubiese elegido alguna de sus grandes obras de arte (estrictamente desde mi gusto personal) como “Los Tenenbaum: una familia de genios” o “Life aquatic”, pero lo cierto es que en éste “encontrar pedazos menudos de inspiración” me llamó mucho la atención una frase que aparece en “Gran Hotel Budapest”:

La más horrible y poco atractiva persona solo necesita ser amada y se abrirá como una flor”.

Esta frase resonó en mi cabeza como un eco y me hizo reflexionar, es más, me llevó a expresar esa reflexión a modo de “axioma figurado”:

A día de hoy, si nos relacionamos desde la hostilidad, lanzando hostilidad, casi con un noventa y pico por ciento de probabilidades lo que recibiremos sea hostilidad, el mínimo porcentaje es, salvo si tenemos delante a una persona de determinada naturaleza o temple, pero la agresividad se contagia muy fácilmente, igual que la risa, es muy automática e instintiva a día de hoy… De esta manera, obtenemos una “ecuación lineal” de poca variabilidad en el resultado.

Si lo que lanzamos es “amor” (un cariño y afecto SINCERO y HONESTO), que es una emoción más compleja, llena de matices y para la que socialmente parecemos estar menos preparados a día de hoy, la variabilidad de respuestas aumenta exponencialmente. De entrada, desarmamos a los que parecen estar esperando siempre respuestas hostiles. Además, cada uno la recibe a su manera, y, por ende, reacciona a su manera… los habrá incluso que sientan miedo y se replieguen de la misma manera que si estuviesen recibiendo hostilidad, pero aún en ese caso, se recibe con menos fuerza… la moraleja del asunto es muy sencilla: hay caminos, vías, opciones que generan multiplicidad de respuestas, de variantes, de alternativas… mientras que hay otros, más restrictivos, que generan una linealidad y unicidad en la respuesta… solo eso.

Y ahora… volviendo a Wes Anderson…

Estudió filosofía, tal vez de ahí provenga su maestría para captar la profundidad de la vida y el drama de la existencia… o tal vez no sea por eso, quien sabe, pero lo cierto es que es un maestro retratándola. Es un maestro creando personajes, seres sensibles torturados por las circunstancias de su propia vida… personajes que reflejan el drama humano de la existencia azotados por sus circunstancias o por la vida de los otros, personajes encerrados en círculos viciosos… pero todo desde el humor, y con un toque personal ligeramente decadente y muy cómico.

Curiosamente sus personajes son muy inteligentes, crea personajes con altas capacidades, personajes en una ambigua línea entre la inteligencia calculada y la espontaneidad (como Gustave H, el conserje del Gran hotel Budapest, que se maneja perfectamente en el escabroso terreno límite entre el amor sincero y el querer oportunista ). En estos, mezcla magistralmente la genialidad de sus altas capacidades con las miserias más intimas, y no solo me refiero a los Tenebauns, sino a la mayoría de los personajes de peso de sus películas, personajes que, tal vez por esa superioridad palpable, son inmaduros y frustrados… tal vez porque asumen, de forma natural, que el mundo debería estar a sus pies…

Y por supuesto, todo ello engarzado con una estética brillante, personal y peculiar, creando una obra de arte con cada fotograma… A nivel personal y sensitivo eso desata mi antigua obsesión por la estética artística, esa que me suponía hasta un conflicto personal, pero vamos, que esa es otra historia…

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