INTRO

He tratado de ser breve, de resumir al máximo y sintetizar sin simplificar, sin que pierda sentido, pero dada la magnitud del asunto, se requiere tiempo y atención. Lo he escrito como necesidad personal pero finalmente he decido compartirlo. Esto es un intento de recoger, ordenar y elaborar el panorama general, algunas de las posturas que circundan por ahí, de las posibles lecturas, de todo lo que he ido observando y muchas cosas sintiendo de primera mano, con la intención de reflexionar sobre los fenómenos humanos que está suponiendo esta “pandemia social”. Es importante leerlo hasta el final porque irán apareciendo impulsos contestatarios razonables que tal vez se vayan explicando más adelante.

ANÁLISIS SOBRE LAS CAUSAS Y LOS DISCURSOS

INTRO

Cuando algo ocurre, ayuda a no sentirse aislado tener herramientas para intentar entender, explicar y expresar. Es necesario e imprescindible asumir que no siempre existen o no se tienen esas explicaciones, que hay cosas que no pueden entenderse en el momento, o tal vez nunca de forma completa, que a veces no encontramos las respuestas que queremos, en este caso que alivien el ansia sobre lo que va a ocurrir, o que a veces nos gustaría que esas respuestas fuesen de nuestro agrado. La mayoría de las veces, sencillamente, hay que aprender a vivir en las preguntas, como decía Rilke.

Pero, por otro lado, lo cierto es que entender nos ayuda a aprender y a no repetir los errores. Por tanto, aún incluso aunque nos adscribamos al discurso simbólico de que “es la naturaleza la que se está revelando”, o al metafísico, en el que basta creer que “todo es un plan divino del universo o de Dios, y que solo hay que creer que todo es por nuestro bien, y esperar pacientemente a que todo se restaure”, conviene dejar de lado las simplificaciones y evitar desviar nuestra atención sobre cuestiones que SI nos atañen directamente, como son: cómo vivimos y nos relacionamos con lo que está sucediendo y qué responsabilidad personal tenemos en cada cosa que ocurre.

No menos simplista es la explicación de que todo es puro azar y ya está, que estamos vulnerables e indefensos ante las fuerzas azarosas que nos circundan, o que todo forma parte de un minucioso plan de fuerzas o seres oscuros que tienen esclavizada a una humanidad cuya naturaleza, sin embargo, es puramente cándida. O echarle la culpa al otro (ya sea “la gente” como ente abstracto, o las autoridades de cualquier tipo, por muy irresponsables que puedan ser o haber sido) que es otro de los pilares de lo que va toda esta historia, pero que, me reservo para más adelante.

Y aunque parezca una obviedad, realmente utilizamos los discursos de forma simplista. No hablo de que no haya o pueda haber parte de realidad en dichos discursos, yo ahí no entro, hablo en la forma en la que los utilizamos: de forma excluyente y vehemente. Acogerse así a unos u otros nos enfrenta y nos distancia, cuando precisamente lo que más necesitamos ahora es acercar posturas y responsabilizarnos, y entender, para no volver a ponernos en esta situación.

METAFÍSICA

De las posiciones metafísicas no hay mucho más que decir. No trato de cuestionar la existencia o no de nada, ni las vivencias de cada uno, sino remarcar el uso que se hace: muchas veces es más cómodo y fácil utilizar la creencia que tratar de entenderse y cuestionarse a uno mismo. Dejar la responsabilidad en el universo, es como cuando somos niños, liemos las que liemos siempre están nuestros padres para sacarnos las castañas del fuego, con la diferencia de que ahora somos adultos y ya tenemos la capacidad de responsabilizarnos tanto de lo que le liamos a nuestros padres, a nosotros mismos y en general. Estas visiones a veces resultan un tanto negadoras, como si todas las conexiones metafísicas fuesen con “el bien”, como si “el mal” solo estuviese restringido a este planeta, y no diseminado por toda la existencia, universo incluido, y como si solo existiesen “las leyes del universo”. También existen las de la tierra, y más aún, las nuestras propias, cada uno las suyas, que es en lo que realmente podemos incidir. El simplismo del argumento se resume en: no vale esperar a que todo se solvente mágicamente, es necesario implementar un cambio social, por tanto, se necesita de nosotros algo más que creencias o incluso certezas, se necesita responsabilidad en lo que ocurre.

CIENCIA

Científicos de distintos países han analizado el genoma del coronavirus y coinciden en señalar animales salvajes como los murciélagos o el pangolín como la fuente más PROBABLE de la epidemia. Hay una concordancia genética del 96%, ¿que pasa con el 4% restante? parece imposible creer que se pueda crear ese 4%, pero también parece imposible creer que un nuevo coronavirus aparezca de forma espontánea afectando en pocas semanas a decenas de miles de personas. Tal vez haya una mezcla de factores: recombinación genética y mutación natural… sea o no por error, parece que la mano humana no se libra de estar en el punto de mira.

El método científico no genera verdades absolutas, las proposiciones científicas nunca pueden considerarse como tales (absolutas), sino como mucho como «no refutadas». Esto no me lo invento yo, es un pilar básico del método científico llamado “falsabilidad” o “refutabilidad” introducido por el filósofo Karl Popper. Es un criterio esencial para distinguir lo que es ciencia de cualquier otro conocimiento que no lo sea (evitando así caer en dogmatismos o principios innegables, pero sobre todo indiscutibles y obligados). Esta establece que toda proposición científica debe ser susceptible de ser falsada o refutada, y esto ocurre si existe o se puede imaginar al menos un evento observable que la pueda contradecir. En la Wikipedia, el ejemplo que aporta para entenderlo es: se puede llegar fácilmente a la conclusión de que “todos los cisnes son blancos”, si es ese el color de todos y cada uno de los miles de cisnes que hemos visto, pero bastaría encontrar un cisne de otro color para demostrar que es falsa. Este principio implica que, por tanto, las teorías científicamente «probadas», se mantienen SIEMPRE ABIERTAS a examen constante. En este caso, parece que no hay evidencia científica de que el nuevo coronavirus haya sido creado en un laboratorio, bien modificando un virus existente o creándolo artificialmente desde cero, ahora bien, tampoco HAY CERTEZAS DE QUE NO SEA POSIBLE, por tanto, ambas posibilidades siguen aún abiertas.

FUENTES NO OFICIALES

Voy a cambiar el término “teorías de la conspiración” por el de fuentes no oficiales, ya que el primero se utiliza para desprestigiar información proveniente por otras vías, además de para meter dichas vías (todas) dentro del mismo saco. Hay distintas fuentes, algunas más fiables que otras, cada uno tiene que desarrollar su propio criterio. Aunque a mi, personalmente, es este caso concreto, no me interesan tanto las fuentes y su veracidad, como las posibilidades que plantean, y sería muy ingenuo no tenerlas en cuenta.

Hay demasiadas teorías, algunas contradictorias entre ellas, pocas cosas totalmente demostrables, algunas delirantes, otras con sentido…. que básicamente vienen a resumirse en que este tema fue intencionado, generado deliberadamente, o bien para seguir un plan determinado o bien como un experimento que se acaba escapando de las manos. El virus, por tanto, es o sería un arma bacteriológica, que genera una guerra de baja intensidad. La objeción más evidente a esta hipótesis es que nos contaminaría a todos, razón por la que, en principio, carecería de sentido. Pero no si se ve como el resultado de un experimento fallido o si la clave está en las vacunas y en el acceso a estas. Por ilustrar alguna más, aunque sea macarra: todo  forma parte de un plan mundial de “eugenesia” sui géneris que, al ser de baja intensidad, solo afectaría, en principio, a determinado tipo de la población, aquellos que ya no están en edad productiva, como la gente mayor, un plan para reducir la población y preservar recursos (la serie inglesa “Utopía” ilustra parte de este asunto)… o que es una cortina de humo relacionada con el 5Gpero aquí, mi intención no es mencionar una amplia gama de teorías ni indagar en la veracidad o no de estas, sino centrarme en que, sea como sea, HAY CONSECUENCIAS QUE SON APLICABLES IGUALMENTE A TODOS LOS ESCENARIOS POSIBLES:

-Una cosa innegable es que los que salen beneficiados de este embrollo son la industria química y especialmente la farmacológica, por un lado, por la futura venta de vacunas en si, por otro por la venta de patentes con las consiguientes ventajas económicas y políticas para el país que logre desarrollarlas. Sería interesante plantearse también qué ocurriría o cómo reaccionaría este entramado,  si algo tan sencillo como el dióxido de cloro o la artemisa fueran efectivos para el tratamiento del virus. No me estoy posicionando con respecto a esto, sino que me parece imprescindible reflexionar sobre ello: ¿qué ocurriría o como reaccionaría todo el entramado farmacológico, si existiese un remedio natural más efectivo para el tratamiento del virus que una vacuna o un medicamento? ¿cómo se gestionan los intereses económicos de dicho entramado?

-Se está gestando un clima favorable para la obligación subrepticia a vacunarse. No hablo específicamente de la controversia a un nivel general, sino de enfermedades estacionales como la gripe, cuyas vacunas son prototipos y recombinantes a las que se les van añadiendo cepas, pero los virus pueden mutar más rápido que el tiempo que lleva generar vacunas específicas. Cabe destacar que, más allá de dicha controversia, un tema a analizar en profundizar serían los excipientes de las vacunas y los medicamentos.

-Por otro lado, el colapso económico que supone para los autónomos, las pequeñas y medianas empresas, que carecen de capital e infraestructura que les permita sobrevivir a esta crisis, mientras los grandes grupos inversores disponen de liquidez y pueden absorber a sus competidores, aumentando su monopolio. Además de la carta blanca que supone para las grandes empresas recortar en derechos con al argumento justificativo de dicha crisis, como ya ha ocurrido con la anterior coyuntura de crisis.

-El efecto psicológico que supone un estado de emergencia, un estado de alarma. Los efectos del confinamiento prolongado, el shock, el pánico… que nos deja agotados, desquiciados, paranoicos, dóciles… La cantidad de datos disponibles sobre el comportamiento humano (más adelante vuelvo un poco a ello hablando de la ciberseguridad), sobre nuestras reacciones, sobre hasta dónde somos capaces a aguantar… que pasarán a formar parte de un mecanismo de control mental legal: el marketing, la publicidad, el direccionamiento de la opinión pública por medio de los medios de comunicación y cultura, el aniquilamiento de las perspectivas filosóficas sobre la vida… reforzando la rueda en la que vivimos, en la que solo nos relacionamos desde una parte de nuestra naturaleza, reforzando la creencia de que es una naturaleza inmutable. Y con una extraña sensación de indefensión, de no saber que es real en todo esto, cómo demostrar y cómo variarlo.

Aprovecho para recomendar el libro y/o documental “la doctrina del shock” de Naomi Klein.

CONCLUSIONES DISCURSIVAS

El equilibrio del universo, de la naturaleza, el poder económico, el lobbie farmacéutico, la manipulación de los oscuros… y como veremos, la resistencia a los antibióticos, nuestra salud precaria, las pandemias relacionadas con animales, las luchas ideológicas… si escogemos explicaciones simplistas para cuestiones complejas, esto no funciona. Si no vemos las limitaciones y las inexactitudes de nuestros propios discursos, seguiremos divididos. Si todo es posible en mayor o menor medida, si nada está totalmente descartado, si lo más prudente es no cerrarse, ni hacer actos ciegos de fe, ¿como nos manejamos con tanta complejidad? ¿como integramos todas las variables posibles?

Existe un conocimiento muy útil: nuestros procesos y actitudes internas y las consecuencias que generan. Por tanto, “A NIVEL USUARIO”, dejemos de perder el tiempo discutiendo sobre las causas, tratando de decidir cual es la opción que más nos gusta, que suele ser la que conlleva menos responsabilidad, y centrémonos en lo importante: ya que sucede, atendamos lo que sucede.

PERSPECTIVA SISTÉMICA

Para explicar todo esto, para hilar la disparidad de circunstancias, voy a utilizar una perspectiva sistémica, no como ejercicio intelectual, sino como METÁFORA de la responsabilidad personal, no de las autoridades locales, nacionales, mundiales… o la responsabilidad del otro, o del vecino… sino para ilustrar la responsabilidad interna, la propia, la personal, la de cada uno.

Digamos que el cubículo tierra, que es un sistema que interactúa con otros sistemas, está compuesto por subsistemas (los ecosistemas, las instituciones, los grupos…) creados por individuos que son cada uno de los seres vivos que la habitan, (incluso cada ser vivo constituye un sistema en si mismo). Dentro de este, estamos en constante influencia y nuestro impacto genera consecuencias más o menos favorables, así como desequilibrios (solo hay que observar mínimamente para ver el impacto que genera, por ejemplo, la acción humana). Cada individuo o ser vivo tiene un poder influencia y, aunque por él mismo no pueda cambiar directamente dinámicas del sistema, puede influir en el resto y potenciar cambios que van de poca a mucha influencia, generando variaciones sustanciales en dicho sistema. Digamos que la vida en el cubículo tierra (no la vida en general que tiene sus propias leyes inescrutables) es una suma de responsabilidades de los que vivimos en dicho cubículo.

Por cierto, hay un libro brillante que explica, desde una perspectiva sistémica y con detalle, el cambio de paradigma en el que estamos, relacionando todas las formas de vida. Se llama “la trama de la vida” de Fritjof Capra. Es un libro complejo, para ir leyendo poco a poco, pero esencial.

En definitiva: todos estamos en el mismo barco y generamos consecuencias, y la mayoría de veces lo sabemos, pero lo pasamos por alto, sin integrar lo que realmente significa eso, sin responsabilizamos de lo que sabemos, porque, de hacerlo, de asumir la responsabilidad, eso implica asumir cambios, de mentalidad también. Y si no lo sabemos, aún así somos responsables de nuestra inconsciencia, siempre estamos a tiempo de investigar y experimentar otras formas de estar en el mundo, por mucho que las dinámicas sociales que existen inviten a lo contrario, a seguir tapando y a seguir siendo egoístas.

Aclaro, antes de proseguir, que la responsabilidad es bien distinta a la culpabilidad, y tienen un efecto muy diferente en nuestro estado de ánimo. La culpabilidad es un sentimiento pasivo, que nos hunde, mientras que, mediante la responsabilidad, por mucho que duela y cueste, podemos influir de forma activa sobre lo que ocurre en cualquier momento.

CUESTIONES IMPORTANTES

NATURALEZA

Para los descreídos que no veían la responsabilidad, la mano del ser humano en el impacto medioambiental… el cese de la actividad humana ha tenido una repercusión inmediata en la naturaleza: reducción de contaminación, aguas más limpias, animales con más terreno y movimiento… Y no solo la actividad industrial, laboral… sino el consumo, la hiperactividad en la que vivimos habitualmente, la fiebre con hacer viajes constantes y de forma frenética, la cantidad de residuos que generamos, el tipo de energías que utilizamos (es para plantearse seriamente pasarse a las renovables de una vez por todas)…

CHINA

De pronto este asunto del virus ha incrementado los niveles de racismo y xenofobia, en una escandalosa doble moral. Lo que ha hecho que China sea una potencia emergente, capaz de comprar deuda nacional e influir en la política de los países, ha sido, entre otras cosas, nuestra forma de consumo, comprar a precios irrisorios solo era viable llevando las fábricas a países como China para abaratar los costes de mano de obra… No solo las empresas son responsables, cada uno con nuestras pequeñas elecciones validamos o no lo que ocurre.

SISTEMA INMUNOLÓGICO

Entender lo que es la salud y no atendernos solo cuando carecemos de ella, implica no derivar toda nuestra responsabilidad del cuidado y la salud en los médicos. El tipo de vida, en sentido amplio, que llevamos, debilita (impacta desfavorablemente) en nuestro sistema inmunitario, pero siempre estamos a tiempo de entender su funcionamiento en profundidad para responsabilizarnos y cuidarnos, intentando entenderlo en nosotros mismos, de forma personal y no solo en general. Un sistema inmunológico fuerte ayuda a no dejarnos totalmente a expensas de que este virus se haga estacional.

ANIMALES

Y, por supuesto, la relación que tenemos con los animales… Los ambientes infectos como los mercados, en los que se tiene a animales diferentes, incluidos animales salvajes, facilitando la mutación de virus y la transmisión de enfermedades a humanos en lo que se da por llamar zoonosis. Las condiciones en las que se tienen a los animales en la industria agroalimentaria, mal alimentados, llenos de antibióticos, que promueven que desarrollemos resistencia a antibióticos (aparte de por nuestro propio abuso), el consumo y venta de carne de todo tipo de animales, incluidos los pangolines, chimpancés… que no solo atentan contra el bienestar animal, sino que tienen consecuencias desastrosas para la salud humana, como ha ocurrido con la gripe porcina, la enfermedad de las vacas locas, el ébola, el SARS…

PROCESOS INTERNOS Y ACTITUDES

SUPERVIVENCIA

En mayor o menor media, estamos atravesando por un proceso, caótico y personal que ha pasado o sigue pasando por muchas fases: irrealidad e incredulidad, shock para digerirlo, reacciones emocionales diversas (culpabilidad, miedos, psicosis, pánico, euforia, negación, apatía, necesidad de control)… Una montaña rusa, debido a la incertidumbre, que a veces nos hacer quedarnos enganchados en alguna cosa, con fijaciones y obsesiones. Constantes catarsis y epifanías personales, aceptación, restaurarse, tranquilizarse, adaptarse, buscarse un hueco, aprender, ver más allá y más posibilidades, y, en algunos casos, responsabilizarse…

Por ponerle palabras a mi propio proceso: “de repente de la irrealidad (es solo un montaje, una peli mala, una pesadilla…) sentimos la amenaza, se nos activan nuestros mecanismos de alarma y pasamos al “shock”, al impacto emocional brutal: el fin del mundo, el fin de la comodidad, nuestra vida personal o individual se ha detenido de forma inexorable, irremediable, tal vez nunca vuelva a ser la misma, se va a quedar congelada, bloqueada, nuestros proyectos se diluyen, se dilatan, se pierden en el horizonte, nuestros tiempos se derriten, toda la maquinaria del imaginario colectivo nos inunda de imágenes apocalípticas, se avecina una especie de fin del mundo, comienza una vida de supervivencia donde seremos, valga la redundancia, una especie de supervivientes, todo lo que hecho hasta ahora en mi vida carece de sentido, jamás nada va a volver a ser lo que era, nada bueno va a volver a ocurrir nunca más o por lo menos en una larga temporada, despídete del mundo tal y como lo conocíamos…” y aunque al expresarlas con fuerza algunas pierdan sentido por su grado de irracionalidad, a medida que crece el miedo, la confusión, la inquietud, la agitación, la crispación, dada la incertidumbre sobre cómo va a evolucionar el asunto, esto sigue alimentando nuestra maquinaria discursiva, imaginativa, narrativa, y comienzan las especulaciones, tratando de escudriñar el futuro inmediato, tratando de tomar decisiones, de salir, de tirar hacia algún lado…

Hay vida más allá de cualquier niebla de incertidumbre, aunque no se pueda ver la luz, de alguna manera está, siempre hay vida, de todo se sale y si no la hubiera y fuese el fin, también sería el fin del sufrimiento. Siempre salimos adelante, por puro instinto y capacidad de supervivencia, tenemos sangre y Adn de guerreros/as, nuestros antepasados han vivido en un entorno hostil, han pasado guerras, postguerras, hambrunas, epidemias brutales, desastres nucleares… colapsos en la bolsa y los mercados… y han resistido como especie, a pesar de los que se quedan atrás…

Saldremos adelante como sociedad, pero lo importante es cómo, lo importante es no hacerlo de cualquier manera, lo importante es dejar de una vez de sobrevivir para aprender a vivir. Podemos salir reforzados o, en cambio, traumatizados y psicóticos, a nivel individual y a nivel social, y eso depende del aprendizaje. ¿Qué hacemos con todo lo que está ocurriendo? Ya que sucede, aprendamos.

APRENDIZAJE

A pesar del panorama convulso, coyunturalmente estamos viviendo un fenómeno y situación única, excepcional, para lo malo y para lo bueno, en tanto que no tenemos, en nuestra vida, referencias previas de ningún tipo. Y, dado que solemos necesitar situaciones extremas y desfavorables para reaccionar, pues hagámoslo a fondo.

Lo de aprender de las situaciones desfavorables parece una de esas consignas cansinas y gastadas de las redes sociales, pero es que, parece que la otra posibilidad es subirse por las paredes y morirse de ansiedad y miedo, o abandonarse a la apatía, negar o evadirse… pero la primera parece suscitar consecuencias menos dañinas que las otras dos, la segunda por lo evidente y la tercera porque alguna vez a uno le estalla la realidad en la cara.

Por tanto, parece una buena opción intentar aprender y entendernos a nosotros mismos en todo esto, entendernos y entender nuestras reacciones y actitudes para poder variarlas, especialmente cuando todo está fuera de nuestro control, como generalmente ocurre con toda en la vida (por mucho que tratemos de luchar por generar lo contrario). Para aprender hay que sumergirse en la situación y no resignarse, no esperar que pase lo antes posible, o pasarla a duras penas o soportarla. Resignación es distinto de aceptación, la primera es una actitud pasiva, con tintes de inacción y abandono, en la segunda tenemos margen de acción sobre como vivirlo y, aunque parezca insustancial, ahí reside la clave.

CATASTROFISMO Y FALSA EMPATÍA

A veces, cuando algo impactante ocurre, es fácil dejarse arrastrar y lanzarse al pozo de la extenuación, la desesperación, el miedo y el catastrofismo, aprovechar para ello cualquier tentación constante, y justificarlo con argumentos variados, por muy válidos que estos aparenten. A veces es fácil vivir en una alarma continua, y disfrazarlo de falsa empatía, que esconde justificaciones para el victimismo y la autocompasión, en la errónea creencia de que somos mejores personas si nos dejamos hundir y nos deprimimos por el otro, cuando en realidad, desde el fango difícilmente se puede hacer nada con un mínimo de calidad y sentido.

Es imprescindible no dejarnos aconsejar por el miedo, que este no domine nuestras decisiones. Es normal sentirlo e incluso es necesario para la supervivencia, es importante reconocer que lo tenemos y lo sentimos, que se haga explícito y no quede encubierto, es importa darse cuenta de como trata de dominarnos, pero si le dejamos, aumenta, nos lleva a un pozo profundo, pasamos a estados emocionales de los que es difícil salir.

POSITIVISMO NAIF Y DESCONSIDERADO

Otra tendencia, contrapuesta, es el positivismo fácil, vacío y de frase hecha, todo porque no podemos tolerar el sufrimiento propio y ajeno, y no nos queda más remedio que tirar de creencias, negación o esperanza: negar la gravedad de los asuntos, tratar de infundir esperanza a toda costa o asirse con vehemencia y simplismo a que todo va a ir bien. Por un lado, no ser ingenuos nos ayuda a responsabilizarnos, por otro lado, por mucho que todo vaya a ir bien, eso no resta ni un ápice de importancia al hecho de que hay que transitar lo que hay que transitar, que todo requiere mucho de nosotros y que, negar o tratar de simplificar la afectación y las dificultades que acarrean los procesos que uno tiene que pasar, con consignas de contención y biensonantes, no ayuda a valorar el coraje que uno (o los otros) tienen dentro y necesitan hacer emerger. Las frases hechas y el positivismo simplista desvalorizan la valentía que muestran aquellos que transitan por situaciones complicadas, generan frustración e, indirectamente, culpabilizan los momentos de debilidad en los que, en ese todo va a ir bien, por momentos algo va regular tirando a mal. Y eso por no hablar de la incitación al uso de la fantasía, ergo evasión.

REALISMO OPTIMISTA

También es incuestionable que hay actitudes que benefician más que otras, y que tenemos margen de elección para adoptarlas, es verdad que la calma y la templanza emocional (no confundir con la anestesia, la negación o la evasión), el animo y la alegría (no confundir con la euforia), la auténtica empatía, la fuerza interna, el ingenio (no confundir con la picardía y el humor ofensivo) ayudan a mantenernos fuertes y a aportar fortaleza. Y que estas nos ayudan a NO añadir complicaciones a lo que sea que ocurra, lo cual es muchísimo siempre. Podemos hacer acopio del optimismo cuando viene del “hacerse cargo”, si uno entiende el concepto propio de responsabilidad individual, suele ser más fácil saber que es lo adecuado.

En definitiva, romantizar esta situación me parece desconsiderado con aquellos que están pasando por situaciones graves, entregarse a la rabia y la frustración, inútil. Sencillamente lo único que podemos hacer es vivirlo, vivirlo con ánimo y en toda su intensidad y darnos cuenta que, las pocas o muchas lecciones personales que aprendamos, nos pueden acompañar toda la vida.

Pero también existe una necesidad expresiva de reconocer nuestro malestar cuando así lo sentimos, de ser consciente de ese malestar y, aunque no vayamos a permitirle que nos domine, (no confundir con reprimir), aunque no vayamos a permitirle dejarnos arrastrar por el negativismo que eso genera, si necesitamos permitirnos caer y equivocarnos, respetar y respetarnos en los malos momentos, favorecer espacios de silencio interno para que emerja el fango, los inconfesables que no nos gusta nada reconocer, para encontrarnos con nuestros demonios, pasar por todos los estados de animo si se dan, y sentirlos profundamente sin quedarnos enganchados a ellos. Digerir, elaborar y reubicarnos antes de volver a sentirnos fuertes. Y esto es algo personal, cada uno sabrá internamente lo que siente y expresa. Escribir es una herramienta que ayuda, ayuda a entender lo que uno siente, a ordenar la maraña interna de sensaciones, pensamientos… y a veces a  sacarnos de encima la angustia y el miedo, pues cuando vuelve de forma intensa, no hace falta darle voz porque ya está en el papel.

ATMÓSFERA O AMBIENTE EMOCIONAL

Cuando algo afecta colectivamente, desde a un grupo pequeño hasta a la humanidad entera como es el caso, se genera una atmósfera emocional amplificada. Y esto va desde un partido de futbol a un desastre nuclear, desajustes económicos, muertes… impactos fuertes, en definitiva. Cuando “la humanidad” o parte de ella está en tensión emocional, afecta más o menos, de forma mas consciente o inconsciente, pero afecta. Es un concepto un poco intangible pero igual se entiende con este ejemplo: a veces estamos viendo una peli, y hay un plano sin ningún tipo de música que lo acompañe, que genera cierta tensión emocional, e incluso con un cuadro o una foto del que no conocemos previamente el contexto o la historia y por tanto no nos sugestiona, y sin embargo, a veces podemos descifrar el clima emocional. Es bien cierto que, del mismo modo, nuestro propio estado de ánimo nos hace interpretar dicho ambiente de una u otra manera, por tanto, no trato de establecer reglas universales porque hay cuestiones culturales, personales… difícilmente medibles, sino de remarcar el hecho de que, de manera más o menos intensa, somos sensibles al clima emocional que algo genera, y que, por ello, fácilmente podemos contagiarnos de dicha emocionalidad “externa” o social. Lo cual significa que a veces se mezclan mis miedos personales o emociones intensas con los del entorno, aumentando la sensación de caos. Se da entonces la necesidad de diferenciarlos, por mucho que la mayoría de las veces cueste (no siempre hay herramientas disponibles para entenderse, más allá de la observación y honestidad personal para con uno mismo).

Es importante intentar no dejarse llevar por la marabunta emocional y sobre-informativa que nos contagia, nos infecta rápidamente de paranoia y psicosis. Se nota la atmósfera, podemos notar la agitación intensa de las circunstancias, los lugares, las fechas, que hace variar nuestro estado de ánimo, intensificando nuestra propia montaña rusa, y es desde ese estado de ánimo variable que interpretamos de una forma u otra. SIN EMBARGO, es normal y hasta necesario las fluctuaciones de ánimo cuando estamos tratando de integrar a los otros y sus circunstancias, cuando nos estamos haciendo conscientes de todas las posibilidades o eventos que están ocurriendo, ya que forma parte de nuestra naturaleza como seres vivos: la sensibilidad. Ahora bien, esta atmósfera nos debilita, hay que saber gestionarla internamente y no caer en la hipersensibilidad o la falsa empatía.

Por último, las personas con gran manejo en la gestión de estrés, o, por el contrario, aquellas que lo tienen integrado, no significa que no se vean afectados: todos tenemos nuestros propios patrones de afectación, que pueden coincidir o no con el de los otros: no necesariamente tenemos que caer en ansiedad, depresión, hiperactividad, euforia… Una cosa es que algo te afecte y otra que te incapacite. Lo que ocurre puede no estar incapacitándonos y si afectándonos, y eso es más difícil de detectar. Que no notemos la montaña rusa no significa que no esté o que no afecte, sino que esa afectación es sutil.

Ante situaciones menos colectivas, el ambiente no está tan emocionalmente cargado o uniformado, cuando está más laxo o hay variación, recibimos estímulos externos variados. En este momento es normal sentir a veces debilidad, porque no tenemos estímulos externos fluidos, y, habitualmente somos dependientes de estos. No es fácil dejar de depender de ellos y sostenerse internamente, únicamente.

PATRONES EMOCIONALES: SOBERBIA

Hay cuestiones o, para ser más exactos, actitudes reseñables durante todo este proceso, de las cuales, en mayor o menor medida, todos pecamos. Por un lado, una cierta soberbia: por una u otra razón somos especiales y esto no nos puede pasar a nosotros. Contrariamos a la mayoría cuando nos creemos que estamos por encima de todo y de todos, por encima de las reacciones mundanas, de la psicosis, cuando creíamos que era un montaje, una exageración… (aunque bien es cierto que, a día de hoy y por desgracia, los medios de comunicación son como la fábula de Pedro y el lobo, y que si nos los tomásemos al pie de la letra estaríamos constantemente en alarma), también somos soberbios cuando tenemos la seguridad absoluta de que sabemos la causa, las consecuencias, o algún dato real o ficticio o teoría que defendemos con vehemencia, o el como sobrellevarlo mejor, que solemos acompañar de consejos y mensajes de condescendencia bastante molestos, o un apremio por ayudar a lo loco… con lo que relaja reconocer de vez en cuando que no se tiene ni idea. Solo hay que ver el espectro de reacciones para vernos reflejadas en algunas, y ver lo humanos que somos todos… El problema se acentúa cuando esa soberbia se mezcla con egoísmo y/o irresponsabilidad, porque uno pasa de ser kamikaze consigo mismo en todos los aspectos, a afectar a los otros.

SUMISIÓN

Luego está la sumisión, que no tiene por que ser opuesta a la soberbia, podemos pasar de una a otra fácilmente o estar en las dos a la vez. El miedo suele llevar a la sumisión, a plegarse a las normas sin cuestionamientos (existe el cuestionamiento sin soberbia: usando las meras preguntas) que es el terreno perfecto para el recorte y ataque a nuestras libertades individuales, para permitir y legitimar el control externo (por ejemplo, en el Boe del 28 de marzo 2020 se expone que está aprobada la geolocalización a través del móvil para ver donde estamos en todo momento). En el BOE del 15 de marzo del 2020 en el apartado cuarto, punto 8, 2º párrafo (ejecución de medidas de seguridad con ocasión de la declaración del estado de alarma), se expone que, para minimizar los efectos de la desinformación, se van a impartir directrices para extremar la vigilancia y monitorizar las redes sociales y las webs en la que se difundan informaciones falsas orientadas a incrementar el estrés social.

Cuando uno lee esto, el imaginario se pone en marcha, cada uno el suyo. Podemos encontrar muchos ejemplos flagrantes de bulos e insensateces. Pero esta es una formulación muy abierta y muy susceptible de cualquier cosa, está formulado de tal manera, tan vagamente expresado, que tiene implicaciones profundas, límites difusos. El lenguaje a veces se presta a la trampa y en ocasiones es necesario aparcar la ingenuidad o la pereza para indagar las consecuencias que todo conlleva. ¿Dónde viene especificado y a quien compete dirimir qué es desinformación y que no, y cuales son las cosas que causan estrés social? ¿cómo y en base a qué se mide y se demuestra? Cuando alguien decide por nosotros, censura nuestra capacidad de discernimiento. Cuando solo existen las fuentes oficiales como forma de validar algo, cualquier pensamiento divergente, por mucho peso que tenga (por ejemplo, científico) puede tornar en “bulos” realidades que tal vez no lo sean. Es bastante serio el tema, y no tiene nada que ver con la ideología política, sino con el ejercicio mismo del poder. Decretar medidas abusivas aprovechando la vulnerabilidad, el desconocimiento o la ignorancia de la población, no legitima el control y la censura de las autoridades sobre el ciudadano. Pero ni siquiera es necesario un plan malévolo intencionado, basta con la propia inercia de las consecuencias… Esto ha salido en el Boe (Boletín Oficial del Estado), no en el canal de un “conspiranoico”, y quien se escude en la transitoriedad de la medida… si, pero la medida ya está en marcha, aunque sea de forma involuntaria ya la hemos aceptado. También se validan las medidas severas mediante vigilancia policial. Y es que tal vez hay determinadas restricciones que resulten excesivas o innecesarias, y que van en perjuicio de la salud física y mental. Según las consignas sanitarias, para atajar la expansión del virus, que se propaga mediante la saliva o el estornudo, o tocando superficies infectadas, es necesaria una distancia de 1 metro y medio y el uso de guantes, mascarillas, además de una escrupulosa higiene. Pasear con aquellos con los que compartimos confinamiento sin nadie alrededor, sacar a correr al perro, hacer deporte o ejercicio individual, andar en bici… sin acercarse a nadie, supone un riesgo residual menor que el de comprar en un supermercado. Por tanto, tal vez serían viables propuestas individuales, grupales o comunitarias de organización, pautando horas y lugares, especialmente en pueblos y comunidades… haciendo más amable y vivible la situación y respetando más aún la idiosincrasia de las situaciones, en especial con respecto a animales, niños, gente con necesidades especiales, en vez de meter a todos en el mismo saco… pero eso requiere extremar la responsabilidad individual cada uno consigo mismo, aprender a comunicarse, llegar a acuerdos y madurar, pero, en cambio, tendemos a la errónea forma fácil y simplista de hacer las cosas: que nos regule el otro, que nos regule la policía. Y si siempre damos la potestad a las autoridades, si siempre nos comportamos como sujetos pasivos, nos vamos insensibilizando, acomodando, perdiendo la capacidad de reaccionar, siendo un caldo de cultivo favorable para las restricciones de nuestros derechos.

Aceptación no es sumisión, y no sumisión tampoco es rebelarse tonta o irresponsablemente (muy relacionado con la soberbia), es difícil saber en qué condiciones y cuando, y cómo rebelarse. Y volvemos de nuevo al tema central de este análisis, la responsabilidad individual de cada uno consigo mismo, la necesidad de entendernos a nosotros mismos en cada matiz, de encontrar qué nos mueve a cada uno y ajustarlo de forma personal.

En estos casos, una información adecuada y acertada, un saber necesario, puede resultar una herramienta y un apoyo útil, no para enfrentarnos a los hechos sino para abrir un debate en el que implicarnos sobre las reglas de juego. En este caso concreto, por ejemplo, es interesante saber cuando tienen derecho o no a ponerte una multa (no por salir a la calle tal cual, pueden indicarte que te vuelvas a casa y la multa solo es procedente si hay desobediencia o resistencia a la autoridad, solo eso es lo sancionable).

MECANISMOS INTERNOS Y EMOCIONALIDAD

En esta situación tan atípica, sin referencias personales anteriores, se activan todos nuestros mecanismos automáticos de defensa (la irrealidad, la búsqueda de control y seguridad, las creencias dogmáticas que nos amparen o la sobreinformación buscando algún alivio, incluso el echar la culpa al otro y evadir nuestra propia responsabilidad, la anestesia, la sobre-simplificación…) que nos defienden de una incapacidad inmediata y fulminante de manejarnos con lo que ocurre. Esto explica, por ejemplo, el famoso misterio del saqueo sistemático en los supermercados del papel higiénico, que, sin duda, pasará a los anales de esta pandemia como el icono del egoísmo. Y es que, nuestros mecanismos de defensa, tienen o han tenido alguna utilidad en algún momento de nuestra historia personal o de la historia de la humanidad, pero también son una trampa constante de los que hay que darse cuenta. Es necesario ser conscientes de cómo funcionan en cada uno de nosotros para buscar otras vías de relacionarnos con lo que ocurre. En este clima de pánico e incertidumbre, de emociones a flor de piel, el papel higiénico, por muy absurdo que parezca, genera una sensación de control y seguridad.

Observar nuestros impulsos, tratar de comprenderlos y, en definitiva, usar la inteligencia real y la honestidad que implica entender nuestras emociones, puede ayudarnos a aprender de las situaciones en vez de aumentar el control interno ante estas, y, una vez más, a enseñarnos a vivir en vez de a sobrevivir. Dicho lo cual, es importante remarcar que también es muy cansina la “romantización excesiva” y la exaltación de este romanticismo de pandemia, de ese positivismo que trata también de imponerse de forma forzada, y que no deja de ser otra forma de dejarse arrastrar por una emocionalidad que también esconde mecanismos de defensa, como es la incapacidad de tolerar y manejarse con el dolor propio y el ajeno, y la sobre-simplificación de todo.

En situaciones extremas sale lo mejor y lo peor de nosotros, la cara a y la cara b: la solidaridad vs el egoísmo y también otros conceptos de los que hablo más adelante y que matizan esto…

EGOÍSMO

No voy a incidir en los egoísmos, la inconsciencia, la irresponsabilidad y la picardía para no dar protagonismo a lo de siempre, ya que habitualmente ocupan demasiado tiempo y espacio, y nos debilitan y nos desalientan, generan frustración y un gasto emocional elevado. Me parece más interesante entender que si generamos una “masa crítica” suficiente (cantidad mínima de personas necesarias) es posible, de alguna manera, ya no solo neutralizar, sino tal vez revertir los efectos irresponsables. Es muy fácil ver lo malo en los otros, lo difícil pero necesario es sostenerse en nuestra propia responsabilidad. Por mucha rabia que de, de entrada, es la única manera de que las cosas no sigan siendo como hasta ahora, en todos los sentidos.

COLECTIVIDAD

Frente a todo esto, también se ha despertado un sentimiento genuino de colectividad, de cuidado colectivo y de reconocimiento humano. Hay gente que te mira de verdad cuando pasas a cierta distancia, se percatan de ti como igual, te saludan de forma sincera… Además de formas de relación vecinal: gente tomando su aperitivo en el balcón, interaccionando de ventana a ventana, poniendo música para alegrar el ambiente (que a veces difiere con tu estado anímico, pero es más importante que nunca valorar la intención en estos casos, reconfortarse en esta más que en los hechos en sí) y que denota una necesidad muy arraiga y esencial de contacto, comunicación y cuidado. También se han dado algunas iniciativas que ponen el ingenio a funcionar como la compra solidaria, donaciones puntuales…

SOLIDADRIDAD VS OPORTUNISMO

Aunque en la mayoría de casos, en vez de vivir y participar en el ambiente y relación vecinal, preferimos las alejadas redes sociales e internet. Como si la vida solo existiese y se validase a través de esto, a través de las pantallas.

Queda patente la dependencia a la tecnología, estar hiper-conectados, como si un apagón tecnológico nos dejase indefensos, con una profunda sensación de aislamiento, como si fuese esa la soledad real más que con cualquier otra circunstancia. Yo experimenté un pánico momentáneo cuando me quedé sin batería y el teléfono no se encendía, y cuando posteriormente se me desconfiguró la agenda y el whatsapp. No tener el contacto de mi hermana o mis amigos a mano me sumió en la desesperación durante unos instantes, para pasar a un intenso sentimiento de cariño profundo y unión, haciéndome plenamente conscientes de que todos estamos en esta misma situación extraña y única… fue una auténtica catarsis.

Tras las pantallas, en internet y redes sociales, parece haber una realidad paralela y una actividad efervescente: también con gestos auténticos de solidaridad, poniendo recursos gratuitos al alcance de el que lo necesite, y haciendo esfuerzos por hacer más ameno el confinamiento, demostrando, además, que la cultura y el arte en sentido amplio, está siendo algo esencial. Pero todo esto está en una fina línea de límites difusos entre lo desinteresado y el oportunismo más flagrante, aprovechando oportunidades para visibilizarse o marcarse un tanto, o haciendo lo que hacen los otros, porque si lo hacen los otros, uno no puede ser menos… Pero cada uno sabrá de si mismo en que lugar se encuentra…

HIPERACTIVIDAD Y DEPENDENCIA

Otro fenómeno curioso es tratar de tapar el miedo al dolor propio y ajeno con evasión y/o hiperactividad, no tolerar ni un segundo de sufrimiento y esconderlos buscando o generando recursos constantes, tratando de estar ocupados y en piloto automático en vez de buscar la introspección, en vez de dejar espacio personal para equivocarse, sentir el dolor (que es distinto de lanzarse al drama), recobrarse y enfrentarse a los demonios.

Estos generadores de hiperactividad que son o somos, pueden o podemos jugar a ser el salvador, el elegido, “buenas personas”, abanderados para guiar a la humanidad… pero que en el fuero interno esperan o esperamos reconocimiento, protagonismo, esconden o escodemos vanidad y provocan o provocamos dependencia en los otros, cuando lo primordial es aprender a emanciparse: a estar solos, en casa en este caso, a sostenerse a uno mismo, a no evadirse, a investigar lo estrictamente necesario pero huyendo de los simplismos y lo superfluo… y, en definitiva, a tratar de encontrar otra forma de relacionarse con el sufrimiento propio y ajeno sin esconderlo.

Es como si de pronto se hubiese activado la sensación de apocalipsis en el imaginario colectivo, y ante la posibilidad de que el mundo se acabe, real o metafóricamente, hubiese una histeria colectiva (entre la que, por supuesto, me incluyo) por dejar nuestra huella, nuestro legado, nuestra impronta en el confinamiento, mostrando las lecciones que estamos aprendiendo durante este… o darse a conocer y sacar a flote lo nuestro antes de que el apocalipsis acabe con el mundo, o mostrar el por qué nuestras cosas serán imprescindibles si finalmente se instaura un nuevo orden… y de nuevo se entremezclan sensaciones genuinas con una egolatría galopante que atiende a una necesidad de ser para lo demás, de saber que seguimos existiendo para el otro, ya que no tenemos ese “feedback” diario, esa reafirmación (o la lucha por ella) en la que nos movemos con soltura en nuestra vida cotidiana. El aislamiento, también significa ausencia de reafirmación por parte de los demás, al disminuir y limitarse las interacciones. No toleramos los momentos en blanco por miedo a ser olvidados.

CULPAS Y ENEMIGOS

En general, por mucha responsabilidad real que haya en el otro, en uno mismo o en todo tipo de autoridades, perdemos la calma, la concentración y gran parte de nuestro tiempo buscando culpables. Eso por no hablar de la supremacía moral en la que nos creemos estar cuando criticamos, fiscalizamos, ajusticiamos, vigilamos, abucheamos y denunciamos al otro, cuando nos inventamos problemas y enemigos, y llevado al extremo, con muestras de racismo contra otros seres humanos, violencia contra los animales y estigmatizando a los que están en contacto con el virus. Lo cual no significa mantenerse sumiso y callado para evitar conflictos, nuevamente cada uno tiene que saber en que punto interno está en cada instante. En este momento, más que en ningún otro, la humanidad entera está en el mismo barco (incluso gran parte utiliza las mismas metáforas para expresarse: barco, niebla, montaña rusa… que influyen en el imaginario colectivo) rememos pues en la misma dirección para reconstruir lo que haga falta.

CONVIVENCIA VS SOLEDAD

De nuevo, en esta situación tan atípica y a veces extrema, sin referencias personales anteriores (para lo bueno y lo malo, pues no nos condicionan), se acentúan las características de lo que vivimos cotidianamente y nuestros patrones emocionales (nuestras reacciones ante sensaciones, emociones… concretas) salen a la luz y se intensifican. Mas que nunca, se nos pone delante ese resultado de elecciones, actitudes, emociones y circunstancias que es nuestra vida concreta (entre otras cosas) y de la que, en dicho confinamiento, no podemos escapar literalmente, sino responsabilizarnos, e influir y variar, sobre todo en la experiencia interna que tenemos sobre esta. Y es posible que, en estas circunstancias tan peculiares, salgan a relucir las cosas pendientes con uno mismo y con los otros, se intensifiquen conflictos internos no resueltos o las realidades que te conflictúan y que no sabes como manejarte con ellas: situaciones realmente complicadas y complejas, incluso extremas, de condiciones de vida materiales, enfermedades físicas o mentales, discapacidades… manejarte con relaciones complicadas en la convivencia, llegar a acuerdos, tomar distancias de forma natural… este confinamiento invita o confronta (eso depende de cada uno) a conocer y a darte a conocer a quien tienes al lado, no solo en tu rol en la relación, sino como persona, sin echar mano de la evasión que a veces supone la vida cotidiana, las actividades cotidianas, sin tiempo real para tratar con el otro. Cada situación requiere un tratamiento personal y distinto. En el otro extremo, afrontar una soledad a la que tal vez antes no estábamos acostumbrados, aprender a estar solos y a gusto con uno mismo, a gusto conociendo la persona que somos realmente, aunque eso nos confronte con nuestros temores más profundos…

PRESENTE

Otra circunstancia a lo que nos estamos viendo abocados es a vivir en el presente, en el día a día. Ahora mismo parece que no hay nada más allá, solo la niebla que supone la incertidumbre, el futuro inmediato está desdibujado y todos esos proyectos a corto y medio plazo que a veces nos hacen tan emocionalmente dependientes, están contra las cuerdas. Es fuerte sentir el futuro bloqueado en cierta manera, duele que ciertas cosas se detengan, que ciertos planes se detengan. Por mucho que uno haya hecho el ejercicio de tratar de vivir en el presente, a veces pequeñas motivaciones en el horizonte ayudan, pequeñas lucecitas que se encienden en medio de la niebla, que poco a poco podremos ir encendiendo de nuevo. Pero sin volver a caer en las prisas, en el correr para no llegar a ningún lado, o en la ansiedad por el futuro, por planear exhaustivamente, por llenarlo de fantasía y de sueños que representan una evasión irresponsable.

Elucubrar y tratar de anticiparse a lo que viene son capacidades necesarias únicamente en contextos muy reducidos y muy determinados, aunque tendamos a mal usarlos habitualmente y ante cualquier circunstancia, pasando a formar parte entonces de nuestros mecanismos de control interno que, en este caso en concreto, solo sirven para acrecentar la ansiedad o la negatividad o la fantasía. Si ayuda, en cambio, aprender a mantener la calma, hay muchos ejercicios de relajación de todo tipo que se pueden utilizar como recurso. Es necesario encontrar un cierto silencio interno y externo, en cuanto a evitar sobreinformación, sobre-estimulación y diálogos interiores, especialmente con el miedo. Difícil pero no menos importante es aprender a relajarse en las posibilidades que se van vislumbrando, encontraremos las herramientas, individuales y colectivas, siempre lo hacemos, el problema suele radicar en elegir las herramientas adecuadas, pero ese es otro tema.

Parece que esto está reventando algunos esquemas, así como nuestras prioridades y poniendo a prueba nuestra escala de valores… Podemos aprender a sostenernos en el solo hecho de estar vivos, a vivir con mucho menos y tomar mejores decisiones sobre en lo que podemos emplear nuestro tiempo y nuestro dinero, a valorar los pequeños momentos, las cosas más sencillas que tanto influyen y varían el estado de ánimo: salir a pasear, una buena charla… valorar el contacto no solo humano, sino con el resto de seres vivos, aprovechar porque todos son momentos únicos, válidos… y mejor construirlos desde el cariño honesto que desde la imposición, el poder, la hipersexualidad, el chantaje emocional, la evasión y la ausencia…

En definitiva, que no vendría nada mal hacernos una lista para no olvidar jamás valorar lo que habitualmente damos por supuesto…

Tal vez la adaptabilidad sea tal, que logremos dejar de necesitar cosas del exterior, en mayor o menor medida, y que el proceso de vuelta a la vida cotidiana nos resulte natural hacerlo de forma gradual, o en cambio, tal vez nos genere el impulso y la ansiedad de querer recuperarlo tal cual y ya, o una extraña mezcla entre ambos… cada uno es un mundo.

NO HACER NADA

Es imprescindible que se entienda que, cuando hablo de responsabilidad individual (todo lo que uno hace o deja de hacer, piensa o siente, tiene consecuencias en uno mismo y en el resto de lo que existe, y no solo consecuencias directas y detectables, también indirectas y difícilmente rastreables), la primera responsabilidad que hay es con uno mismo y que no tiene sentido dicha responsabilidad personal si no parte de la libertad, para arriesgarse, descubrir, equivocarse, rectificar, y volver a arriesgarse, descubrir… y que, casi siempre, nada tiene que ver con dictámenes sociales y con el “deber hacer o deber ser”. La responsabilidad con uno mismo atiende al aprender a cuidarse, y, ¿que es eso?, pues es una reflexión personal importante de cada uno con uno mismo. Aplicado al caso concreto del confinamiento, este es una situación excepcional (también válido para determinadas circunstancias de nuestras vidas). Si uno tiene tiempo y comodidades, puede aprovecharlo para hacer cosas que tiene pendientes, descubrir cosas nuevas, replantearse sustituir hábitos, ocuparse, cuidarse, salirse de lo cotidiano, tratar de organizarse para no desregularnos… cada uno somos un mundo, y es importante observarse y ver como vamos reaccionando, aprovechar para tomárnoslo como experimento… hacer un cierto esfuerzo para no uniformar los días, para que no sean todos iguales, para salirse del día de la marmota, de la sensación de rutina (anímicamente hablando también), ayuda utilizar plannings que recojan las prioridades y cuidados, que reflejen días libres o más especiales, y que se flexibilicen en favor de nuestro estado interno, ya que podemos tener necesidades distintas según nos levantemos: activos, vagos, cansados…

Ahora bien, esto no es un retiro creativo, uno también puede descansar, permitirse no hacer nada, aprender a parar, sentirse, tratar de recuperarse, de asimilar lo que ocurre… no es necesaria una actividad frenética (no tiene sentido estresarnos por la cantidad de actividades que nos ponemos) no hay que sentirse culpable porque tengamos que atender otras cosas, porque no podemos llegar a lo que otros llegan, por tomarnos tiempo para entender que es lo que necesitamos… tenemos tan metido el concepto de productividad, de escasez de tiempo, que no dejamos espacio para lo que de entrada no resulta útil, y muchas veces desconocemos que es aquello que nos restaura física y emocionalmente, que nos calma y nos da fuerza.

SENTIRTE FUERTE

Ahora bien, aprender a parar y a no hacer nada no significa abandonarse. A veces a uno le toca pasar en su vida por situaciones complicadas o épocas más complejas en uno o muchos sentidos. Si no es el caso, y si además uno no se ve afectado o envuelto por los efectos directos del confinamiento y todas las circunstancias que lo rodean, es de ayuda reconocerse, en general, en las épocas más favorables, y, en es este caso concreto, en el papel privilegiado de los menos afectados frente a los otros, para tratar de sentirse bien, intentar estar fuerte, estable, mantener la calma sin apoyarse en nada más que en la propia calma, para ayudar y aportar cuando sea necesario. Y por supuesto, aparcar el sentimiento de culpa por no verse afectado directamente. Uno se puede sentir bien y mal a la vez, ser capaz de estar fuerte por sus circunstancias y sentir tristeza por los otros, no se trata de vivir en el imperialismo moral del drama, ni tampoco pasarse a la insensibilidad social.

AYUDA

Siguiendo con este genuino sentimiento de apoyo, ayuda, empatía y solidaridad, que también se ha generado, cuan imprescindible es ser conocedores de la importancia de nuestra influencia directa e indirecta (pero sin caer en la antes mencionada egolatría), y del efecto que tienen pequeñas acciones. Nos necesitamos y bien, y no solo para apoyarnos emocionalmente en esta montaña rusa, para tirar unos de otros, o para darnos el espacio… también en la asistencia vecinal, local, animalista… y para observar, descubrir y apuntar necesidades que uno puede aportar en este momento o en el futuro, poniendo al servicio de quien lo necesita nuestros conocimientos sobre algo en concreto. Y económica también, SI NUESTRA SITUACIÓN honestamente LO PERMITE: donaciones, continuar pagando las cuotas mensuales a modo de reserva de plaza en lugares como el gimnasio, clases particulares… en vez de la golosa tentación de ahorrarse el dinero, lo que implica revertir una tendencia o patrón egoísta. Todo independientemente y al marguen de las medidas necesarias económicas y políticas que deban implantarse por las autoridades.

Cada uno puede descubrir como aportar, pero antes es necesario comprender las necesidades, para no hacerlo por hacer y también para ayudar de verdad, de forma efectiva y desde donde podamos, no sobrecargarnos innecesariamente o comprometiéndonos en algo que nos incomoda profundamente, por ejemplo, si uno no se ve capaz de aportarle recursos del tipo que sean (emocionales, económicos…) a alguien, puede ayudarle a buscarlos. En el aportar y ayudar, siempre que se haga de forma reflexiva, poco es mejor que nada.

EL SINSENTIDO EXISTENCIALISTA

Cuanto mas avanza el confinamiento, todo se mezcla a veces con una sensación de sinsentido existencialista que por momentos te ataca a lo más profundo, ya que estamos encerrados con nuestras propias contradicciones. Es algo con lo que nos podemos encontrar en nuestra vida cotidiana, pero ahora está reforzado por la colectividad. Está ahí, no podemos caer en el abismo, pero tampoco negar cuando se nos manifiesta. A veces está motivado por la propia vida de uno y otras, sin embargo, nos ocurre al observar los enormes contrastes en las vivencias de los otros. Algunas veces, entrar en contacto con ciertas realidades (ver determinados documentales, leer ciertos textos, descubrir y conocer otras historias…) y ver como late el instinto de supervivencia, te revitaliza, te ayuda a trascender la dependencia que sientes hacia tus condiciones materiales y concretas de vida. Tal vez sea momento también para replantearnos la importancia del arte y la cultura de calidad.

VULNERABILIDAD Y EMPATÍA

La mayor aportación posible, la mayor grandeza que podríamos sacar de todo esto es recordar la sensación de vulnerabilidad extrema que hemos podido llegar a sentir en algún momento, de estar a merced del otro o de las circunstancias. Lo importante, cuando estemos fuertes, sería recordar esto, pero no para tener miedo e instaurar mecanismos de control a todos los niveles, sino para desarrollar la empatía, que buena falta nos hace a todos de vez en cuando. Y si se ha dado el caso de que alguien de alguna manera, real o figurada, te ha tendido la mano, recordar la sensación de como un gesto de humanidad en un momento de vulnerabilidad extrema, te puede sacar del pánico, darte aliento y cambia tu experiencia sobre lo que sea que te ocurra.

El concepto de empatía se suele malentender, no se trata de ser buenitos bobalicones o de dejarnos arrastrar por la emocionalidad barata, sino que es la capacidad de entender lo que siente el otro. Esto no significa sometimiento o chantaje emocional y no está reñido con la asertividad (la capacidad de expresar las necesidades propias sin que afecte a los derechos de los demás y, de paso, la capacidad de saber decir que no), pero si está lejos de la indiferencia, el egocentrismo o el egoísmo. Para sentir empatía no es necesario entender la circunstancia en concreto, sino lo que se siente en esta, y hay situaciones que no comprendemos porque no las hemos vivido, y lo mejor es asumir que no las comprendemos, que hay cosas que no sabemos, en vez de reaccionar automáticamente ante ellas o imaginar lo que haríamos en su lugar. Ya que nos solemos quedar en lo que sentimos nosotros, registremos pues nuestras sensaciones de vulnerabilidad para entender que sienten otras personas, por ejemplo, aquellas que viven en guerra, que escapan de sus hogares… y de la misma manera podemos entender también que sienten los animales confinados en los zoos, acuarios, en los mataderos… dejamos de mirar para otro lado (en instagram hay una cuenta llamada karmagawa que tal vez sería recomendable visitar). La empatía es la conexión con el otro independientemente de la raza, especie, genero, edad… y una de las barreras más enormes que existen frente a la empatía es la ideología. A veces se justifica el odio y lo deleznable éticamente por quedarnos pegados a detalles concretos, por tener fijaciones, dependencias ideológicas frente a un panorama más amplio. No voy a poner ejemplos, para no levantar susceptibilidades. Es como aquello de que a veces “los árboles no nos dejan ver el bosque”: lo ideológico no nos deja ver la vida. La ideología, al igual que cualquier tipo de dogma, nos debilita, nos separa… No solo sufre el ser humano, no solo sufren los españoles, no solo sufren las mujeres o los hombres, no solo sufren los de derechas o izquierdas, no solo sufren los occidentales ETC. Las mejores herramientas que existen para desideologizarse, aparte de la empatía, son la honestidad y la trasparencia de los discursos con los que nos explicamos las cosas.

Dicho lo cual, esto no exime un impacto desigual, tanto de los efectos del virus como de cualquier situación adversa, en las distintas partes de la sociedad, dado que existen muy diferentes condiciones materiales (los autónomos frente a las grandes empresas, las personas en riesgo o en exclusión social frente al ciudadano de a pie, los que cuentan con recursos de cualquier tipo con respecto a los que los tienen limitados… ) Se ha hablado de la equidad y la democracia del virus que ha afectado por igual a razas, ricos o pobres… pero no ha sido así en los efectos y las situaciones desiguales que hay que tener en cuenta para corregir, para seguir aportando y mejorando en estos temas, e intentar entender qué tipo de sociedad queremos construir.

Este fenómeno también nos ha señalado que, paradójicamente, el auténtico sostén son el personal sanitario, los científicos, los cajeros de supermercado, los repartidores, los trabajadores del campo… y no las otras ocupaciones de mayor estatus a los que se admira por inercia, ¿con qué salarios y en que condiciones nos están sosteniendo? ¿qué ocurrirá cuando todo pase? ¿seguirán careciendo de importancia social frente a los otros?

SOBREINFORMACIÓN

Un fenómeno en el que vivimos habitualmente y que se está acentuando en este confinamiento es el de la sobreinformación, que no solo no ayuda, sino que supone un problema, pues nos expone a estímulos constantes que solo hacen que alterarnos aún más: información que proviene de medios de comunicación, redes sociales, mensajes privados del entorno, conversaciones constantes… ruido externo que se suma a las posibles elucubraciones internas. Tenemos una tendencia al consumo compulsivo y superfluo de titulares, en vez de a una aposentada búsqueda de información en profundidad. Todo esto, no solo aumenta la sensación de “cuanto más sabes, menos sabes”, sino de impotencia, inseguridad, de no haber avance, de no ver salidas… acrecentando nuestro estado emocional de irritabilidad, tensión, frustración, extenuación, porque la sobreinformación te deja exhausto y débil, y aumenta a su vez, la sensación de confusión y la ansiedad por saber aún más. Eso por no hablar de la guerra de informaciones cruzadas que generan más confusión aún, que la generan por si mismas o que están hechas para generarla, que provienen del ansia social y que las autoridades tratan de detener a un coste impagable: limitar las libertades. No es fácil encontrar la medida personal en la que exponerse o dejarse de exponer a dicha información. Tampoco es fácil encontrar y saber elegir la calidad, la información adecuada, seleccionarla desde distintos lugares, ya que son importantes todo tipo de fuentes, también las no oficiales para abrir las miras. Como experimento se puede probar varios días a no abrir los periódicos, la televisión, redes sociales… no hablar de ello, no elucubrar, centrarse solo en ocuparse del día a día, centrándonos en calmarnos emocionalmente que es lo único que podemos manejar con total amplitud. Y a ver que pasa, descubrir las distintas realidades en las que se vive cuando te expones a los “media” y cuando no. No significa no volver jamás a mirar los medios de comunicación, se trata de hacerse consciente de como nos afectan, encontrar la medida de exposición adecuada para cada uno, y empezar a darnos cuenta de que, la mayoría de las veces (no me refiero a este tema en concreto) la realidad que retratan no es la que experimentamos, eso por no hablar de evitar la pérdida de tiempo que supone dedicarle tiempo a información superficial e inadecuada. Aunque suene a cliché, las personas con mejores y mayores conocimientos no son las más y mejor informadas, sino las que mejor se conocen dentro del mundo en el que viven, entendiendo, a su vez, el mundo en el que viven, valga la redundancia.

Algo imprescindible a tener en cuenta es que la información que compartimos, la estamos validando al compartirla, y lo hacemos con personas que confían en nosotros, por tanto, es importante ser consciente de esa confianza, seleccionar muy bien y no sobrecargar al otro, incluso con memes, por muy inocente que esta práctica parezca.

Y sobre todo y ante todo, rendirnos ante la evidencia de que todo puede ser, que en este todo también están las posibilidades favorables (a las que podemos tender mediante nuestra responsabilidad individual) y las menos favorables, y es necesario aprender a relajarse en todas ellas en vez de intentar huir, negar algunas o hacer interpretaciones interesadas o simplistas del tipo que sean.

NUEVOS PARADIGMAS

NORMALIDAD

Algo que ha quedado claro con esta pandemia es que se ha quebrado el frágil equilibrio de la “normalidad”, la invencibilidad del sistema mundial y sus potencias se ha visto temporalmente doblegada por algo microscópico. Y ya que esa supuesta normalidad ha saltado por los aires, no tiene sentido tratar de pegar los trozos de nuevo, sino de pararse a reflexionar sobre en qué poner el esfuerzo para reconstruir qué, cómo y para qué, es decir, aprovechar la coyuntura para el cambio de lo que sea necesario cambiar.

No se trata de derrocar el sistema tal cual o tratar de imponer uno nuevo, sino de reflexionar sobre medidas que lo hagan evolucionar hacia un nuevo y desconocido lugar, por mucho miedo que nos de. No se puede derrocar un modelo o la influencia política de unas potencias sobre otras de la noche a la mañana, pero si comenzar a diseccionarlo en acciones concretas y comenzar a plantearnos, ¿que se puede hacer?

Y, sobre todo, superar la actitud de “no se puede hacer nada”, ir más allá de la cansina queja, dejar las especulaciones, las elucubraciones que nos meten aún más en el fango, y plantearnos y reflexionar profundamente, sobre cómo podemos generar un nuevo paradigma social, económico, político, cultural, relacional y mediático, una sociedad más humana. Para ello es importante sacar a la palestra el concepto de humanidad, que lo solemos utilizar para despreciarnos los unos a los otros con formulaciones del tipo: “somos el virus, el ser humano es un cáncer…” No se trata de nuestra naturaleza humana, sino de nuestra calidad interna y esta se puede cambiar y mejorar (personalmente) en cualquier momento, no es inmutable. El desprecio al otro es la base por la que permitimos medidas abusivas: “que se jodan los que… tenemos lo que nos merecemos…” y cosas del estilo. Lo fácil y simple es ver lo despreciable en los otros, lo difícil y necesario es verlo en uno mismo, para salirse de ello, para reparar y disculparse por lo que se ha hecho desde ahí, no para castigarse y culpabilizarse.

 NUEVO PARADIGMA

¿Cómo construir un nuevo paradigma social, económico, político, cultural, relacional y mediático? ¿cómo instaurar una serie de medidas que cambien el curso de las cosas de una vez por todas?… Más que crear un modelo de sociedad, se trata de asumir personalmente la responsabilidad individual, pero, como sociedad, necesitamos urgentemente encontrar los mecanismos de defensa contra los abusos de poder, los mecanismos de transparencia y responsabilidad. Y generar nuevas referencias a todos los niveles; culturales, relacionales, mediáticas…

Pero antes de explicar a que me refiero, es importante entender varias cosas:

-Nos acostumbramos y normalizamos pequeñas cosas que ayudan a que el sistema siga vigente.

-Nos quedamos en la generalidad en vez de investigar si se puede aportar en lo concreto.

-Es necesario centrarse en la información y no en sus derivaciones morbosas: hasta que no entendamos en profundidad los mecanismos de la economía y la política, y las reglas de juego social, así como sus actualizaciones, porque el “sistema mundial” en el que vivimos se ha sofisticado, no podemos pedir que estos se depuren y sean trasparentes y no el resultado de una lucha constante de poder. Estamos perdiendo el tiempo con cosas no esenciales, en tanto que el resultado de todo, en gran parte, depende de dichos mecanismos, y si no los revisamos y seguimos confiando y delegando en los gobiernos o las multinacionales, seguiremos a la deriva ideológica, seguiremos poniendo parches en vez de renovando lo necesario.

La manera de cambiar cualquier sistema es entender sus mecanismos. El conocimiento es la única forma de hacerlo evolucionar, porque es la manera de entenderlo. Y hay cierto tipo de conocimiento que tendría que pasar a ser conocimiento común, ahí está la clave de todo. Son necesarios librepensadores de todas las disciplinas, libres de ideologías o dogmas (y no por ello nihilistas sarcásticos), que aporten sus saberes e investigaciones cada uno en su campo (nada de gurús holísticos) para propuestas concretas de cambio. Más librepensadores de verdad que nos ayuden a encontrar los mecanismos legales y económicos para renovar el sistema, buscar soluciones para manejarnos a nivel individual y grupal. Más filósofos, psicólogos, informáticos, incluso artistas que retraten y difundan la realidad que se abriría ante nuestros ojos… economistas, abogados que nos ayuden a entender y encontrar:

Mecanismos contra leyes abusivas independientemente de la ideología política, dado que, como ya he escrito antes, habitualmente se generan cambios legales aprovechándose de la vulnerabilidad, ignorancia o desconocimiento de la población. Como es el caso con el tema de la monitorización de las redes sociales en el que se está aprovechando la situación para tomar decisiones que atentan contra nuestras libertades individuales. Este tipo de ataques salen en momentos de crisis colectiva que es cuando estamos más sumisos.

LOS ABUSOS DE LAS MULTINACIONALES, Y LOS GOBIERNOS.

Encontrar las grietas, las brechas en las legislaciones, o generarlas para defendernos de estos. Entender el funcionamiento de la normativa en temas de ciberseguridad. Entender como es posible monitorizar, como funcionan los algoritmos… Hay empresas que recogen nuestros datos, llamadas Data Brokers, y esto se lleva haciendo desde hace mucho, llevamos mucho tiempo vendiendo nuestra intimidad a un sistema que se lucra de ello y del que formamos parte, se hace a través de las cookies, las aplicaciones gratuitas… y, mediante lo que se llama la segmentación del público objetivo, que nos acerca a realidades que podemos consumir o que simplemente confirman nuestras limitadas opiniones. Os dejo link en el que viene bien explicado: BIG DATA

Esta gente que trabaja recogiendo nuestros datos, no son villanos, son personas normales como nosotros, más preocupados por sus condiciones materiales que por cómo funciona el mundo, como nos pasa a la mayoría. El primer paso para cambiar las cosas es empezar a plantearnos con qué estamos colaborando en cada pequeña cosa que hacemos. También debería impulsarnos a revisarnos el concepto y nuestra dinámica del “gratis gratis”, porque tal vez a veces sea preferible pagar cantidades razonables por obtener calidad a todos niveles, que el engaño disfrazado de “gratis”.

NUEVO PARADIGMA MEDIÁTICO

Nuevamente una alternativa a la peligrosa censura, es pedir responsabilidades de veracidad, pero también a los grandes medios de comunicación. Y plantear denuncias a posteriori con obligación a retractarse públicamente, que no evitan el impacto mediático de publicar noticias sensacionalistas de las que no se aportan datos o están hábilmente sesgados, de las que no hay seguimiento alguno, sino que se quedan difuminadas, pero cuyo impacto emocional persiste en la memoria del espectador o lector, dirigiendo su opinión. Medidas que sentarían precedentes, y tal vez fuesen modelando e incidiendo en la cultura de consumo mediático, en el sentido de que nos provocase, en vez de posicionarnos impulsivamente a favor o en contra, plantearnos la veracidad o falsedad de lo que se expone, y, sobre todo, buscar marcos más amplios de análisis.

Es interesante leer “las diez estrategias de manipulación mediática” de Chomsky, en el que viene muy bien expresado como es fácil dirigir la opinión pública. También la película “Network, un mundo implacable” de Sidney Lumet 1976.

En definitiva, los medios de comunicación deberían de dejar de ser el “ring” de luchas ideológicas. El problema del concepto de “ideología” o de como se utiliza esta, es que se ha vuelto confuso, inexacto y expresado de forma dicotómica, no como un continuo. Y, en vez valorar y diseccionar las propuestas concretas, asociamos cierta ideología a ciertos partidos, discursos o personas, disolviendo nuestra capacidad de cuestionar dependiendo de la procedencia, y acrecentando la oposición ante lo que, de entrada, no comulga con nuestra supuesta ideología, con un grupo de conceptos que se consideran obligados a viajar juntos como paquete, en todas y cada una de las situaciones que existan. En general, el uso que a veces se hace de los medios de comunicación es fijarse en aquello que confirme nuestra opinión, en aceptar los discursos de lo que nos gustaría que pasase, o bien para nuestra tranquilidad, o bien para poder seguir con el reduccionismo entre la lucha de la derecha y la izquierda. El gran problema de la ceguera ideológica es que hace que miremos en la dirección errónea, que nos centremos en el fragor de dicha lucha en vez de entender los mecanismos que llevan a esas luchas.

NUEVO PARADIGMA POLÍTICO

Antes de decidir en qué tipo de sociedad queremos vivir, y no me refiero a la simplificación de capitalismo vs comunismo, sino de cada cosa concreta, tenemos que entender los mecanismos que existen, las bases de la política de verdad, no de los discursos vacíos de los políticos, en general o en determinados contextos, o de las bochornosas contiendas que se traen, ya que, hay un problema con la democracia que va más allá de sus opciones políticas, de los propios partidos. Se puede dar un paso hacia una democracia real, pero para ello hay que entender en profundidad sus fundamentos:

-¿Cómo funciona la ley electoral? ¿que factores influyen? ¿como funciona en los distintos países? ¿que consecuencias tiene adoptar una u otra? ¿como se puede cambiar el sistema de listas?… todas estas cuestiones y más, bien solventadas, le podrían devolver cierta calidad al mecanismo del voto, ahora mismo uno de los más defectuosos que hay.

– ¿Qué mecanismos son necesarios para denunciar leyes abusivas por parte de los propios gobiernos, y en base a qué se decide tal cosa?

-¿Como incentivar la participación ciudadana en todos los aspectos? ¿que mecanismos existen para que los propios ciudadanos propongan medidas y reflexiones necesarias? ¿y para que se organicen y tengan entidad propia? ¿como llevarlas a debate real y trascender los interesen privados hacia un supuesto “bien común”? ¿que supone un referéndum, en qué casos es necesario utilizarlo y cuando atenta contra las leyes constitucionales, si debería ser un derecho básico?

-¿Como y de qué manera se puede asegurar la transparencia económica en toda la gestión política?¿Como determinar el número imprescindible de diputados… y demás cargos?¿Cómo deberían de ser sus condiciones materiales: sueldos…?¿hasta que punto ciertos cargos tendrían que ser de funcionariado o tecnocráticos (independientes) en vez de avalados por el partido político que está en el poder?

-¿Cómo establecer mecanismos para pedir responsabilidades, multas, destituciones… por incumplimiento de programas electorales, medidas irresponsables… ?¿Cómo establecer mecanismos para que ellos se ganen la confianza de los votantes en vez de tener que dársela por si misma?

Recomiendo la mini serie “House of cards”, la original, la versión inglesa y dejar de verla como ficción.

NUEVO PARADIGMA ECONÓMICO

Por un lado, es obvio que se necesita una reflexión y un cambio de modelo de consumo, revisar los mecanismo psicosociales para volver al patrón de consumo por necesidad en vez de por deseo (la primera parte del documental “the century of the self” lo explica muy bien), primar la calidad frente a la cantidad, fomentar la ECONOMÍA CIRCULAR… y cambiar los criterios personales a la hora de plantearnos nuestras elecciones de compra: comercio local, sostenible, ético… y muchos otros conceptos en lo que no hay espacio para ahondar ahora, porque hay un tema mucho más urgente y necesario dadas las circunstancias particulares.

Dado que la economía es uno de los pilares que dotan de poder absoluto, es necesario comprender su funcionamiento y, cabe decir que, bajo su aparente complejidad, es bastante más sencilla de entender de lo que uno puede esperar, en tanto que sus mecanismos son sencillos, nos sus ramificaciones y derivaciones…

Hasta finales de la Primera Guerra Mundial el sistema monetario mundial se basaba en el patrón oro, o lo que es lo mismo, la cantidad de oro que había en un país, determinaba su nivel de riqueza. Tras la primera Guerra mundial se introdujo el llamado “dinero fiat o dinero por decreto” como alternativa al dinero mercancía. Este dinero está establecido por el gobierno (o instancias trasnacionales como la UE): su cualidad como dinero proviene de su declaración por parte del Estado como tal, pero además los gobiernos o instancias tienen el poder de emitirlo. Este dinero vale como instrumento de intercambio y medio de pago, pero no sirve como reserva de riqueza. Esto significa que el dinero pasó de ser dinero tal cual (es decir, representaciones de la riqueza de un país según el oro que poseían) a ser divisa (moneda en curso, valor de intercambio, representación de dinero y en la mayoría de los casos, sin un sustento que lo respalde, dado que el porcentaje de moneda tangible, billetes y monedas, es muy inferior a la entrada de datos que existe en las pantallas de los ordenadores).

Esta entrada de datos, estas anotaciones de entradas contables que representan el dinero actual, que es, por tanto, creado de la nada, son los gobiernos los que tienen potestad para hacerlo, y, sin embargo, son los bancos los que lo crean en forma de préstamos. Es decir, un banco presta dinero, no porque lo tenga, sino porque lo respalda por activos como una casa y/o la promesa mediante contratos de que se lo devuelvan. Cada vez que un banco otorga un préstamo, está creando dinero. Lo que ocurre es que esto genera deuda, la deuda del propio préstamo más los intereses.

Este mecanismo de los bancos de prestar una cantidad muy superior del dinero con el que cuentan en realidad, bajo la promesa de que les va a ser devuelto con grandes intereses que a quién repercute es al cuidadano, se llama “fraccionar” el dinero, y es el responsable de las burbujas y las crisis financieras, eso por no hablar de lo que supone vivir en deuda constante. Pero, además, ante las crisis, está la errónea creencia de que la única manera de rescatar la economía, es rescatando a los bancos y que sin el sistema financiero nos vamos a pique, cuando lo que hay que rescatar es la economía productiva, que es la real, la auténtica, la “física”.

Aplicado al caso concreto de los efectos de la pandemia, de nada sirven las moratorias, los ertes… y el dinero que, el gobierno o instancias superiores, van a crear para que los bancos puedan otorgar créditos que sigan empobreciendo al cuidadano, cuando, dado que estamos en una situación excepcional, podrían calcular la cantidad necesaria para sostener el o los países y crear ese dinero en vez de meterlo por el sistema financiero. Es así de simple. No hablo de usar esto como medida recurrente o comodín, sino como coyuntura única para la renovación y el diálogo sobre nuevas bases de funcionamiento.

Un nuevo paradigma económico tendría que limitar el fraccionamiento del dinero. En caso de que se demuestre que el sistema financiero es realmente necesario, deberían establecerse las bases para que este sea transparente (qué se hace con el dinero, en qué y cómo se invierte) y ético.

Pero, volviendo a la situación actual, dado que todo el planeta está en situación de excepción, se podría resetear la economía mundial, no solo que cada gobierno o instancias, calculen y creen puntualmente el dinero necesario para sostener su propio país en esta crisis, sino derogando la deuda externa (y sus intereses) de todos los países, de tal manera que la recuperación de cada país solo dependa de sus propios recursos.

Esta medida, al igual que el tema de que los gobiernos sustenten la crisis creando dinero sin intereses en este estado excepcional, beneficiaría al 99% de la población mundial, independientemente de su ideología política, y solo iría en detrimento de las élites políticas que tendrían que hacerle frente a la política exterior (valga la redundancia), ya que, cancelar la deuda, supone cancelar el dominio y parte de la influencia política de unos países sobre otros. Tendría cierta influencia también en el entramado de las divisas y la dependencia monetaria del dólar. También iría en detrimento de las élites financieras, de los pocos millonarios dueños de todas las multinacionales, grupos de inversión y medios de comunicación, pero sería un 99% de beneficiados frente a 1% (estos porcentajes no son reales en absoluto, es una manera de representarlo, se podría hacer un cálculo numérico), si eso no es democracia real, no se lo que es entonces… pero para que sea democrático, tenemos que ejercer la democracia, y movilizarnos.

Voy a hacer una recomendación a ciegas, se trata de un libro llamado ” Telaraña de deuda” de Ellen Hodgson Brown, y digo a ciegas porque no lo he leído, pero al parecer explica al detalle estos temas.

NUEVO PARADIGMA INTRA E INTERPERSONAL

Aquí entra todo lo anteriormente dicho a lo largo del análisis sobre actitudes, y esto para que el ser humano, de una vez por todas, de un paso evolutivo importante y se transforme en el HOMO RESPONSABILIS de si mismo y de lo que genera. Sin plantearse tanto cosas como “el de al lado no lo hará y por tanto no tiene sentido hacerlo porque lo que uno hace no sirve para nada” sino hacer lo que uno considere adecuado por uno mismo. Y, desde la responsabilidad individual y personal, abrir los debates necesarios para una nueva (sin referencias anteriores), progresiva, y renovada organización social, laboral, política, económica, cultural, mediática… un repensar los valores donde la economía no prime, tampoco en nuestra mentalidad. En este confinamiento, por ejemplo, se ha visto que son posibles pequeños cambios y mejoras como el teletrabajo y la flexibilidad laboral…

Pero volviendo a la situación actual, para que esto se solvente necesitamos responsabilizarnos, concienciarnos y movilizarnos, no hay otra, no vale la queja, ni dejarlo en manos de entes metafísicos, por mucho que toda la ayuda sea bienvenida… un movimiento ciudadano mundial pacífico para crear propuestas, demandar leyes o gobiernos, hacer campaña de recogida de firmas o lo necesario para obtener este reseteo de la economía mundial, generar redes que aglutinen información relevante, comunidades temáticas para solventar y proponer problemas de índole legal, técnica… y donde en vez critica y queja, cada uno investigue en profundidad sobre distintos temas, un movimiento que ayude a paliar las fluctuaciones del impacto de la política internacional entre los países… Sería un acto de auténtica soberanía, complicado pero viable… en definitiva, generar mecanismos para la responsabilidad legal, empezando por cuestiones concretas y más pequeñas, por ejemplo, ¿como evitar el negocio de las patentes en caso de que salga la vacuna? para sentar precedentes y ver que se puede, que poco a poco y paso a paso, se puede… Las posibilidades están ahí, todas juntas, frente a nosotros, y solo es necesario esta responsabilidad personal para moverlas hacia un lado u otro.

CONCLUSIONES

Escribo las conclusiones, porque parece que, si no hay simplificaciones sobre algo, ese algo no existe o se percibe como complejo o difuso.

-Se mire como se mire este asunto, el ser humano tiene responsabilidad en lo que ha ocurrido, pero esto implica también tener margen de acción para poner soluciones. Por ello es tan importante la responsabilidad personal, porque cada pequeño gesto individual, por mínimo que sea, impacta e influye en el sistema.

-Durante el confinamiento hemos sentimos y hemos visto de cerca nuestra propia humanidad en muchos aspectos, desde la solidaridad a un clima impositivo atmosférico-emocional: el romanticismo, el catastrofismo, la crispación…

– El miedo como consejero es un mecanismo muy potente que invita a añadir fuerte dosis de control. Vivir las experiencias como traumas nos hace dóciles ante lo que venga, aceptamos y nos sometemos a lo que sea con tal de que la experiencia que acabamos de vivir no se repita. Esto, sumado a una desconfianza institucional, es el caldo de cultivo para cualquier autoritarismo que prometa seguridad. Ceder en libertades frente a la seguridad es la peligrosa y eterna cuestión política que debemos superar.

-Durante unos días el mundo se ha roto en infinitos pedazos, pero a la vez eso nos ha unido, y, ante el sinsentido existencialista, es importante recuperar las sensaciones que supone el contacto humano, y extender la empatía en vez de replegarnos en prejuicios.

-También durante estos días se ha incrementado la dependencia a la tecnología y al mundo virtual. Hemos podido observar lo que sería una sociedad post-apocalíptica, hacia la que parece que tendemos, cuyas relaciones están totalmente mediatizadas por la tecnología. También una dependencia a los gurús de internet que nos tienen que decir como salvarnos y darnos rutinas… Así, el ser humano no logrará emanciparse en la vida, si dejamos la solución de nuestros problemas en manos de los otros, ya sea la ciencia, el universo, dichos gurús… por muy válidos que sean.

-Por último, aferrarnos a un discurso, del tipo que sea, porque nos resulta “cómodo” en algún aspecto, nos marca una dirección sobre la que debatir, y nos hace perder la oportunidad de desarrollar un criterio propio, ampliar miras y seleccionar el conocimiento esencial sobre algunos temas, que debería de ser común. Integrar otros discursos nos puedes llevar a reflexiones profundas pero necesarias que pongan en jaque nuestro concepto de normalidad tal como lo conocemos, para ir generando, de forma natural, un cambio de sistema desde sus pequeños mecanismos internos, un cambio necesario de paradigma social, económico, político, cultural, relacional y mediático.

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